muchocine opiniones de cinedesde 2005

Watchmen es, en el mejor de los casos, una película ambiciosa y fallida, que pierde por la voluntad de adaptación textual del director, y por no poder construir absolutamente nada desde el plano cinematográfico.

★★★☆☆ Buena

Watchmen

Un gravísimo problema afecta a esta megaproducción, la clara demostración de que detrás de esta adaptación cinematográfica hay un cómic complejísimo, cuya complejidad esta adaptación es incapaz de trasladar a la gran pantalla. Zack Snyder demuestra una vez más su corrección a la hora de trasladar la propuesta visual de determinados cómics. Eso ya lo podíamos ver en 300, la adaptación de la novela gráfica de Frank Miller. Allí Snyder apostaba a la excesiva estetización, y el marcado subrayado de la violencia. Entre tanta sangre y vísceras, la sustancia cinematográfica se licuaba en la necesidad de Snyder de transponer literalmente, necesidad que carecía por completo de toda fibra cinematográfica. No es lo mismo un excelente cómic transpuesto al cine, que un cómic excelentemente transpuesto, de la misma forma en que no es lo mismo para la literatura o el teatro. Una cosa es contar con una buena materia prima, y otra muy distinta es contar con el talento necesario para distinguir dos medios distintos, y adaptar de la mejor manera posible una materia de un medio a otro, sin ir en desmedro de ninguno de los dos medios.

La literalidad en la adaptación puede colocarse como bandera de defensa de una transposición, puede convertirse en una militancia para algunos realizadores. Pongamos como ejemplo Sin City, la versión cinematográfica de Robert Rodriguez del cómic de culto de Miller. Sin City funciona majestuosamente en su adaptación, porque independientemente de su literalidad (de trasladar planos concretos del cómic a la gran pantalla) y de su estetización, es claramente una película, con un ritmo concreto, con un montaje preciso, y con una narración compleja y sólida a la vez. Sin City puede calcar el cómic de origen, pero a su vez es una película con todas las letras, ajustada a los cánones y los tempos propios de la gran pantalla.

Metámonos con WatchmenWatchmen es una novela gráfica dividida en doce números, una de las tantas genialidades de Alan Moore, un relato complejo, que construye una realidad paralela (una USA sumergida en una tercera presidencia de Nixon y con una guerra fría extendida con la Unión Soviética hasta las últimas consecuencias) sobre la cual se encuentra un grupo de superhéroes, la mayoría de ellos más humanos que “superhombres”, que terminan confrontando por sus dispares visiones respecto a lo que necesita la sociedad para encontrar la paz.

Para comenzar, se hace difícil trasladar un cómic de Alan Moore (la mayoría de las adaptaciones de obras de Moore al cine han resultado pura basura), pero no parece una misión imposible. Sí se complica más si uno apuesta a comprimir doce números en una sola película. Los volúmenes de Watchmen conforman una perfecta unidad que, se entiende, se hacía complicado de separar en una serie de entregas cinematográficas. Ambas opciones contenían sus propios riesgos, pero en este caso, comprimir los doce números provoca un efecto muy sencillo, que si uno no está al tanto de la realidad que proponeWatchmen, se pierde irremediablemente en la trama de la película. Si esto no sucedía en Sin City (y tampoco en 300), pese a cierta compresión del cómic original, era básicamente porque aquel cómic de Frank Miller proponía una realidad netamente ficcional, carente del origen ucrónico de Watchmen. Entrar en un verosímil que propone una realidad paralela, con sus correspondientes lecturas políticas y con héroes más cercanos a debates morales que a la acción, extrañamente lindantes con la figura de sociópatas antes que con la de protectores de la humanidad, requiere que la película tenga las agallas necesarias para hacer que todo aquel que ingresa por primera vez a este universo, no salga completamente confundido. Apegarse a la lógica narrativa del cómic original no parece ser la mejor opción, simplemente porque en un cómic, más aún una obra ejemplar de Moore, difícilmente haya una sola viñeta de más, por lo que apretar en dos horas y media (o tres, como el corte de director editado en dvd), lo que en el cómic se extiende por doce volúmenes, hace que finalmente queden al margen fragmentos necesarios para la comprensión de este universo y sus personajes.

Tampoco es sólo una cuestión de extensión de cómic y película. En la historia del cine hemos visto enorme cantidad de adaptaciones literarias de todos los colores, algunas grandes películas basadas en novelas olvidables, formidables películas de grandes novelas, y pésimas adaptaciones de obras maestras. Todo se debe a la manera en que el realizador de turno entienda el cine. Con las adaptaciones de cómics ocurre algo más complicado, primero porque este furor por el cómic en la gran pantalla es relativamente reciente, y no cuenta con la historia de otro tipo de adaptaciones, y segundo, porque uno siempre tiende a entender el cómic como un relato de superhéroes, por lo que la aparición de un film como Watchmen causa una inevitable sorpresa, sorpresa que se extiende si tenemos en cuenta la forma en que esta película fue promocionada, apelando a la acción como principal fuerte. O ha sido un desacierto de la Warner, que venía acostumbrada a relatos de superhéroes más concretos y menos reflexivos (la última Batman es por demás reflexiva, tal vez mucho más reflexiva que esta adaptación del cómic de Moore, pero en la cual la acción no es para nada subsidiaria, como sí parece serlo en esta) y no podía comprender la naturaleza radicalmente distinta de este film, o ha sido un defecto del propio Snyder, que no supo congeniar con la Warner cuál era la mejor manera de vender este film, debido a su compleja naturaleza. La acción en Watchmen representa el diez por ciento de esta superproducción, y Snyder tiende a resolver las escenas apelando al recurso de moda en las películas de acción (recurso que ya empleaba en 300), jugando a una combinación de ralentí y aceleración en todas las secuencias. Algo parecido a este recurso se extiende por toda la película, la combinación entre diálogos y acción termina volviéndose en desmedro de la apuesta de Snyder, ya que afecta al propio ritmo de la película, al peso de plomo de las más de dos horas de escenas dialogadas (lentas, muy lentas), no le genera un verdadero contrapeso los minutos de acción, o si lo genera, este contrapeso no representa un elemento para una combinación ideal, sino un elemento que navega por otros mares, los diálogos y la acción terminan siendo dos componentes disímiles, que parecen corresponder a dos películas distintas. 

Tampoco ayudan otros elementos propios de la propuesta de Snyder. En la lógica de esta película, a una escena híper violenta le puede seguir una de sexo. Esto puede tener cierto cauce en la lógica del cómic de Moore, pero aquí solo parecen dos viñetas continuas y contrapuestas, que en suma no provocan absolutamente nada. 

Para el recuerdo seguramente quedará la formidable secuencia de títulos inicial, que resume la intervención de los héroes en distintos acontecimientos históricos relevantes del siglo veinte. Esta secuencia, con “The times they are a-changin’” de Bob Dylan de fondo, ya demuestra desde el inicio que difícilmente podamos entender este film desde la óptica de las tradicionales películas de superhéroes. Lamentablemente, el resto de la película carece de la identidad peculiar y concreta que posee la secuencia de títulos, carece de su extraña unidad estética. 

Watchmen es, en el mejor de los casos, una película ambiciosa y fallida, que pierde por la voluntad de adaptación textual del director, y por no poder construir absolutamente nada desde el plano cinematográfico. Para establecer una parábola política como esta, Snyder debería haber abrevado en los cuantiosos ejemplos cinematográficos que hay al respecto, no ceñirse a la lógica de Watchmen como si se tratara de una película más de superhéroes. También en el mejor de los casos es una película que puede despertar cierto interés en aquellos espectadores que se acercan por primera vez a este universo, espectadores que podrán admirar a través de este film la complejidad narrativa del original, aunque al terminar de ver la película probablemente no hayan entendido absolutamente nada. 

Lo mejor: Su ambición desmedida, y su apuesta a un relato de superhéroes completamente distinto al resto.
Lo peor: Su incapacidad para condensar la novela gráfica de origen al cine, convirtiéndolo en un relato pesado, lento, carente de la complejidad narrativa del original.
publicado por Leo A.Senderovsky el 28 julio, 2009

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