Harry Potter y el misterio del príncipe es a la franquicia cinematográfica, lo que su respectivo libro a la saga literaria, un capítulo donde no se erige una aventura concreta, sino que funciona como un volumen de transición dentro de la serie.

★★★☆☆ Buena

Harry Potter y el Misterio del Príncipe

Las entregas cinematográficas de Harry Potter suelen levantar bastante polvareda en buena parte del público infanto-juvenil. Es que la saga de J.K. Rowling goza de un talento particular a la hora de construir un universo fantástico, carente por completo de simplicidad. Harry Potter no es, de ninguna manera, un best seller irreflexivo y predigerido, es un relato sobre el universo adolescente, en medio de un mundo de magia y hechizos, donde no prima la torpeza o las fórmulas, sino la tridimensionalidad de dicho universo y de sus personajes. Gran parte de esto se observa en Harry Potter y el misterio del príncipe, adaptación del sexto libro de la serie.

Podría decirse, y algo de razón tendríamos en afirmarlo, que el sexto libro, y a su vez, la sexta película, carecen de centro. Mejor dicho, el núcleo narrativo de esta entrega es lo que menos importa. Las últimas entregas ya demostraban no ser aptas para el ingreso de iniciados en la saga. La serie de aventuras del joven mago no establece un eje o una aventura por cada entrega, sino que cada una es un episodio en la conformación de una unidad cerrada. Desde ese punto, esta sexta película funciona de la misma manera que su libro, potencia esta falta de habilitación para el ingreso de novatos desconocedores de la trama. En otras palabras, si usted no vio ni leyó nada de la serie, o vio alguna de las últimas películas y no entendió nada, no pretenda entender un poco más de esta, porque la película (y el libro) no se lo permitirán, ambos son una simple transición para llegar al extenso final que se desarrolla en el séptimo libro, una transición donde no se hace ningún tipo de presentaciones.

Por el contrario, los personajes están más que presentados, y esta película se encarga de desarrollar más sus respectivas personalidades, haciendo hincapié en algunos vínculos importantes, como el amor de Hermione por Ron, o de Harry por Ginny, la hermana de Ron. Mientras, se termina de definir la representación en Hogwarts de los planes maléficos de Voldemort, en manos del profesor Snape, y sobre el final suceden hechos capitales que desembocarán en el desenlace de la saga, y que, quienes leyeron esta entrega, los sabrán de antemano.

Más allá del virtuosismo de Alfonso Cuarón, el mejor director del que gozó la serie, David Yates ha probado ser el director que mejor congenia con el universo potteriano desde mitad de la serie hasta su desenlace (universo opuesto, mucho más oscuro y complejo que la fantasía infantil bidimensional presentada en las primeras dos películas/libros de la serie). Tal vez, no podría haberse realizado una adaptación más pertinente para este libro, por lo que sus defectos devienen del libro en cuestión. En resumen, dado que es un relato de transición, se vuelve mucho más soporífera, ya que carece de la aventura y del dinamismo de entregas anteriores, carece a su vez de las dobles lecturas directas (como la rebeldía a la dictadura que se cierne en Hogwarts en la quinta entrega), y su atractivo se centra en el desarrollo de personajes, vínculos y acontecimientos que anticipan el desenlace.

Uno de los puntos más destacados de esta película, tanto como la forma en que la película comienza a atar algunos de los cabos sueltos respecto a los personajes, es la presencia de dos enormes actores en dos papeles muy relevantes. Helena Bonham Carter, en la piel de Bellatrix, la mujer que convence a Snape de recoger el guante en caso de que su sobrino Draco se acobarde a la hora de asesinar a Dumbledore. Solo algunas apariciones le bastan a Bonham Carter para definir el enorme peso de su personaje en la historia. El otro es Jim Broadbent, un gran actor que se convierte fácilmente en el papel sobre el cual gira esta entrega, ya que se presenta como un personaje capital a la hora de entender la forma en la que Tom Riddle comenzó a virar hacia el mal, hasta transformarse en Voldemort.

De la solvente puesta en escena de Yates, se destaca la tendencia a vincular lo que sucede en la trama con lecturas al margen, buscando siempre su correlato bíblico. Ejemplo de esto son las contadas escenas en las que Dumbledore despliega su magia, con cierta reminiscencia a Moisés (el vínculo visual con el Charlton Heston de Los diez mandamientos es inevitable). Del resto no hay mucho más para decir,Harry Potter y el misterio del príncipe es a la franquicia cinematográfica, lo que su respectivo libro a la saga literaria, un capítulo donde no se erige una aventura concreta, sino que funciona como un volumen de transición dentro de la serie, donde lo más relevante es la construcción escénica de los personajes centrales y de sus vínculos.

 

Lo mejor: El desarrollo de vínculos y personajes, y Helena Bonham Carter y Jim Broadbent, dos grandes actores en los dos papeles más importantes de esta entrega.
Lo peor: Su carácter de transición dentro de la serie, y su carencia de aventura, lo que la vuelve, por momentos, soporífera.
publicado por Leo A.Senderovsky el 28 julio, 2009

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