muchocine opiniones de cinedesde 2005

“”No sería ninguna tontería señalar Malditos Bastardos como la producción más equilibrada de su director “”

★★★★★ Excelente

Malditos bastardos

No es necesario, a estas alturas, poner de relieve la sobresaturación referencial del cine de Tarantino. Las influencias y préstamos nunca han sido negados por el autor, hasta tal punto que sus películas pueden servir como un juego para cinéfilos avispados. Kill Bill (2004) reciclaba la columna vertebral de la obra maestra de Sergio Leone, Hasta que llegó su hora (C’era una volta il West,1968) para contar una historia de venganza como la de Harmónica, haciendo de la secuencia de la truncada boda de La Novia una imagen especular de los flashbacks del personaje de Charles Bronson, cuando su familia era asesinada por un diabólico Henry Fonda. En los minutos iniciales de Malditos Bastardos, Tarantino, directamente, cambia de emplazamiento geográfico del Oeste por una "Francia ocupada por los Nazis" y recompone las secuencias de Leone para dar punto de partida a otra historia de venganza como la de Kill Bill. Sin embargo, mientras ésta funcionaba como un collage de retales multigénero, la nueva película del director de Pulp Fiction (1994) rescata su dominio del tempo narrativo, su conocimiento de la estructura cinematográfica, el juego con el suspense y el uso del medio como arma de engaño al espectador, llevándolo exactamente a donde él quiere en todo momento.

 

La estructura deliberadamente literaria de la película, dividida en cinco capítulos, es la descomposición por subtramas de un hecho ficticio dentro del marco histórico de la Segunda Guerra Mundial. Las aventuras de una judía en busca de venganza y un escuadrón de soldados que se dedican a sembrar el terror entre las filas del ejército nazi son la base para crear una fantasía pulp con espíritu de Comic Book, con la misma intención que una tira de Hazañas Bélicas, con un ojo puesto en Samuel Fuller y otro en el Aldrich de Doce del patíbulo (The Dirty Dozen, 1967). Una vuelta en toda regla a la visión frívola de la guerra, empleada como escenario para el entretenimiento, dilapidando los esfuerzos de esa cinematografía reflexiva y moralizante sobre el Holocausto que copa las pantallas en la última década.

 

Lejos de ser una reivindicación de un tipo de cine, Tarantino utiliza como excusa una buena colección de personajes perfectamente construidos para proponer un análisis de la importancia del guión en el impacto emocional de la puesta en escena. No hay grandes secuencias de acción, ni batallas hiper-coreografiadas, todo se desarrolla a través del diálogo y de las brillantes interpretaciones de todo el elenco, sin excepción, que recita las líneas de guión en sus lenguas originales. Los idiomas, que como la ambientación de la época son factores determinantes en la propia trama y dan lugar a algunos de los momentos más hilarantes de la película.

 

No sería ninguna tontería señalar Malditos Bastardos como la producción más equilibrada de su director ya que, si bien es evidente que se ha preocupado más por sacrificar metraje y ofrecer una obra compacta (el guión encaja todas las piezas con la precisión de un reloj suizo), nos encontramos ante una obra donde caben todas las obsesiones del autor. En su sello coexisten el diálogo y su cinefilia, que en esta ocasión no se queda en la mera cita. El suspense que hace sudar de Alfred Hitchcock, el humor paródico del Kubrick de Teléfono Rojo: Volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove or: How I learned to stop worrying and love the bomb,1964), sin descuidar el aspecto visual con arrebatos estéticos deudores de Brian de Plama (Sossanna acicalándose antes del momento de su ansiada venganza al son de una canción de David Bowie). Un Tarantino más maduro que sin embargo no renuncia a su gamberro uso de la violencia, su fetichismo por los pies femeninos y el sarcasmo marca de la casa.

 

Malditos Bastardos nunca deja un segundo de respiro en su dilatado minutaje, es una brillante recuperación de aquel cine bélico de mercadillo que se consumía en los 60,  que no pretende nada más que entretener y presentar a unos personajes mitificados siempre hasta el extremo. Es una pena que en la perfecta arquitectura de los acontecimientos no haya un poco más de sitio para conocer mejor a los Bastardos y sus correrías, que merecerían una serie entera para ellos solos.

Lo mejor: Todo?
Lo peor: Que no podamos estar con los Bastardos un ratito más.
publicado por Jorge Casanueva el 20 septiembre, 2009

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