La explicación lógica retrocede – intrascendente – ante esa inquietante Imagen de una mente duplicada y un juego de espejos por momentos cargado de malicia y de un suspense insano, todo lo cual resulta en un asombroso desglose cinematográfico.

★★★★☆ Muy Buena

Los Cronocrímenes

Cuando se habla del cine español muy a menudo aludimos a su carácter suburbano y cerrado en la tradición alimentada por nuestra particular industria y sus popes mediáticos. Es una pereza de medios y de ideas que afecta a los mismos realizadores, guionistas y productoras, pero sobre todo – y con un efecto mucho más grave – a los responsables de la promoción y distribución de las películas. Los cronocrímenes supone un valor añadido a su poderosa abstracción al combinar el atractivo popular de la ciencia ficción con la efectividad emocional del thriller. Y con todo, a duras penas los espectadores pudieron disfrutarla en gran pantalla debido a la escasa distribución que tuvo en su día, hecho injustificable si apreciamos un formato que le proporciona la accesibilidad propia del telefilme, su trazo sencillo y – a la vez – una realización talentosa ( demostrando, tanto en lo visual como en lo dramático, haber aprendido la lección básica de Alfred Hitchcock) que la convierte en magnífico referente para los jóvenes cineastas que se atrevan a reinventar las premisas que sostienen el estático panorama nacional. No se puede hablar de mucho más si no existe una cobertura que le permita al gran público conocer y disfrutar de este incipiente talento.

La concreción del relato establece una sencilla historieta sobre un hombre que se duplica en distintas líneas temporales, y sufre una experiencia traumática a lo largo de un espacio mínimo: su hogar, los bosques que lo circundan y una instalación tecnológica adyacente. En una segunda lectura descubrimos al personaje en la situación de resolver un dilema pasional; una de dos, o se queda con la chica del bosque, o con la cónyugue. La distorsión del espacio-tiempo del que procede le sitúa en la la posibilidad de elegir. La resolución del relato, por tanto, es una elección concreta entre continuar su vida acomodada junto a la esposa o seguir el camino abierto por causa de esa tentación (en el bosque de enfrente hay una preciosa chica semidesnuda) originada en la visión a través de la lente prismática. Y entonces plantea una dialéctica que se constituye en expresión irónica del drama: en una secuencia posterior vemos como es él mismo quien dirije las acciones de la chica con el objeto de atraer la mirada de su homólogo, desplazarlo y así poder regresar al hogar donde vive junto con su mujer . Y el Héctor que se siente atraído por la chica semidesnuda lucha con su opositor, el cual solo quiere recuperar su habitual vida familiar. De todo ese material podemos inferir una gran cantidad de significados, y si atendemos a la verdadera Imagen del filme – aquello que realmente nos esta narrando más allá de acciones concretas – ya entramos en una abstracción que remite a la psicología del personaje central, el cual proyecta imágenes de sí mismo. Sin motivo aparente, el personaje central – tras una breve siesta – se asoma a la ventana para mirar a través de los prismáticos ( no sabemos qué es lo que busca, pero el discuro soterrado de la narración nos lo va a revelar, apuntando hacia el nivel subconsciente), y en el mismo instante suena un teléfono (llamada de su propio Yo hecha desde otro ángulo experiencial) e interrumpe la acción que, con posterioridad, dará inicio al drama. Así pues, la tentación de mirar hace que el personaje interpretado por Karra Elejalde se enzarce en una pugna contra sí mismo, y cada uno de los ángulos que componen esa mirada se sostiene en la temática del viaje en el tiempo como mero recurso argumental, no como un fin en sí mismo. (Véase la secuencia del Héctor con la cabeza vendada y su efusivo reproche sobre el pecado de mirar, simulando con las manos – mirando hacia sí mismo – la forma de los prismáticos que inician la tragedia).

Nacho Vigalondo – en su faceta de actor espurio y astuto guionista – es quien nos da algunas claves de forma explícita cuando habla de los reflejos, pues en Los cronocrímenes tenemos una fascinante Imagen sobre los reflejos originados por una búsqueda inoportuna, dando pie a un círculo vicioso del que resulta imposible precisar los hechos concretos que justifican toda la cadena de acontecimientos. Y entonces llegan las paradojas; si Héctor 1 es la persona original cuyos actos ya están condicionados por su homólogo, ¿cómo puede definir esos actos en un futuro todavía por determinar?. La explicación lógica retrocede – intrascendente – ante esa inquietante Imagen de una mente duplicada y un juego de espejos por momentos cargado de malicia y de un suspense insano, todo lo cual resulta en un asombroso desglose cinematográfico, por la extensión de su significado y por la claridad con la que sabe concretar cada una de las perspectivas que componen la Imagen de la estructura psíquica de Héctor, un hombre perturbado ya de partida, aunque no importa mucho cómo ni por qué.
publicado por José A. Peig el 20 septiembre, 2009

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