Una de las películas más atípicas de la obra chapliniana llena de humor negrísimo y mucha mala leche. Chaplin sella una obra maestra muy especial olvidada por el gran público. Imprescindible.

★★★★★ Excelente

Monsieur Verdoux

Una de las películas más atípicas de la obra chapliniana es sin duda la que hoy nos ocupa. Y es que resulta cuanto menos inquietante ver a Charles Chaplin haciendo las veces de asesino en serie de maduras señoras adineradas. El gran logro de Chaplin en Monsieur Verdoux reside en dotar a su personaje de esa malvada actitud y al mismo tiempo conseguir que se marque una sonrisa en el rostro del espectador. Una vez más, Charles Chaplin muestra como un actor de comedia, puede interpretar a un delincuente que guarda el carisma y simpatía que siempre ha caracterizado al inmortal personaje de Charlot.

En esta obra de humor negrísimo y muy adelantada a la época en que se realizó, Chaplin aborda el tema de la muerte y los asesinatos desde un punto de vista cómico, sutil y mordaz, pero que la gente de 1948 no estaba preparada para asumir. Aún así, el mismo Chaplin, consideraba Monsieur Verdoux como el film más brillante de su carrera. Esta cinta de Chaplin está basada en el personaje real, Henry Landrú (1869-1922), condenado a la guillotina por el asesinato de diez mujeres. Esta idea surgió del joven talentoso Orson Welles para un documental novelado, pero más tarde, Chaplin la usaría en la que hoy conocemos como Monsieur Verdoux incluyendo el nombre de Orson Welles en los títulos de crédito.

En la película, Henri Verdoux (Charles Chaplin) está casado y con un hijo, pero para mantenerlos, posee una doble vida y se dedica a casarse bajo identidades falsas con viudas ricas, de las que se deshace para apoderarse de toda su fortuna, y con este dinero viven él y su familia hasta que se agota y vuelve a la búsqueda de otra victima.

Charles Chaplin dio un giro total con respecto a las comedias alegres y sentimentales que le caracterizaban a él y a su cine, y rodó esta sublime comedia negra. Su personaje es una mezcla paradójica entre la bondad y lo despiadado, pues en una escena, un hombre está podando sus rosales y evita pisar una oruga, mientras al fondo del jardín está incinerando en un horno los trozos de una de sus víctimas. El argumento está lleno de humor diabólico, una amarga sátira y una violenta crítica social. Se palpa durante toda la cinta esa doble dualidad moral que pondrá en entredicho al espectador.

Lo que más sorprende de Monsieur Verdoux respecto a las cintas anteriores de la filmografía de Chaplin, es que la factura ya no procede básicamente del cine mudo. Es la continuación de la estructura narrativa expuesta en El gran dictador, donde existía una alternancia entre discursos y escenas mudas. En Monsieur Verdoux se procede a una conversión total hacia la película sonora y hablada, abandonando completamente los orígenes del cine de Chaplin.

Desgraciadamente, Monsieur Verdoux supuso el inicio de la última y más triste etapa de Chaplin en EEUU, país que abandonaría en 1952. Chaplin no era un enemigo acérrimo de EEUU, pero en el papel de Monsieur Verdoux (hablando él mismo en boca de su personaje, Henri Verdoux) fue indudablemente un crítico… en una sociedad que no aceptaba ninguna crítica.

En su comedia negrísima, trata el tema de la muerte como algo natural, e incluso hilarante. Monsieur Verdoux pasó sin pena ni gloria por las taquillas americanas, aunque más tarde se la concedería el reconocimiento que bien merece esta obra chapliniana; un clásico muy especial. Pero el público de 1948 no estaba preparado para contemplar la muerte cara a cara y salir del cine airoso y con una mueca en el rostro. Hoy en día, sin embargo, Monsieur Verdoux está consideraba como una comedia negra genial y figura entre los mejores trabajos de Chaplin, pese a la ausencia de su emblemático personaje, Charlot.

Y es que hay muy poco del inmortal Charlot en Monsier Verdoux, pero eso no quita que se mantengan inalterables algunos de los sus tics, costumbres y movimientos, dotando al personaje principal, Henri Verdoux, de toda la comicidad y bondad que emana el carismático Charlot. Estos tics están presentes en la escena de la barca con Anabelle y mientras se esconde en su propia boda. Personalmente, creo que en el fondo Charles Chaplin nunca consiguió desprenderse del todo de su Charlot, ni en Monsieur Verdoux ni en cintas posteriores. Siempre quedará algo de Charlot en Chaplin, pues es algo innato y fabuloso de su personalidad.
Lo mejor: Lo bien que se desenvuelve Chaplin en el cine sonoro. El compromiso moral al que somete al espectador. Lo adelantada que está a su época al tratar temas intocables en 1948.
Lo peor: Que no aparezca su inmortal personaje, Charlot.
publicado por Jaime Martínez el 2 abril, 2008

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