Uno de los trabajos españoles más impresionantes de los últimos años, que enganchará tanto a los que sólo busquen acción y entretenimiento como a los que quieran encontrar una película con la que reflexionar

★★★★★ Excelente

Celda 211

¿Qué había hecho Daniel Monzón hasta ahora? Un par de películas que me echaron para atrás sólo con ver el título y una Caka Kovak que prometía pero que no me pareció más que una tontería amena pero olvidable. Arranca Celda 211 con una escena cruda y desagradable, de las que te hacen apartar la vista de la pantalla, y continúa con unos diálogos más bien forzados y sobreactuados. Dijeran lo que dijeran las críticas que ni siquiera me había leído, tengo que reconocer que yo no esperaba demasiado de esto.

Y, de pronto, ocurrió. Me encontré con una de las mejores películas que he visto en mucho tiempo y, desde luego, con uno de los trabajos españoles más impresionantes de los últimos años. Así, en forma de thriller carcelario. Qué sorpresa.

Celda 211 es entretenida. Entretenida en el buen sentido, no en ese que utilizas para decir que algo se puede ver pero no aporta demasiado. Durante las casi dos horas que dura no te distraes ni un momento, y además te pasas la mayor parte del tiempo con una angustia que se te agarra a la tripa y que no puedes quitarte.

Pero es muchísimo más. A través de una historia de acción que engancharía al tío más simple del mundo, plantea cuestiones a las que cualquier cultureta se podría pasar horas dando vueltas. El absurdo de la política. El clásico "quiénes son los buenos y quiénes son los malos". La moral relativa. Lo del fin que justifica los medios y lo cómodo que resulta dejar que sea otro el que se haga cargo de lo incómodo. Y, claro está, el demoledor hecho de que cualquiera podría ser un monstruo.

Ni siquiera se permite caer en el recurso fácil de los presidiarios atractivos. No, aquí no está Prison Break ni el Morgan Freeman de Cadena perpetua, sino un montón de tipos bestias y repugnantes. Y, aún así, funciona.

El trabajo de los actores es básico. Todo el mundo hablará de Luis Tosar, pero no convendría perder de vista a Alberto Ammann, que consigue hacer creíble un papel nada sencillo y rematar una producción impecable y eficaz, que podría haber fallado en muchos detalles y no lo hace en ninguno.

¿Quién lo iba a decir? Un peliculón.

Lo mejor: El ritmo, los actores, los personajes, su credibilidad... ¡Todo!
Lo peor: Esos flashbacks innecesarios.

publicado por Marta el 23 noviembre, 2009
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