Por encima de todo, El baño del Papa es una película de esperanzas frustradas, de desesperación, de sueños tan quijotescos como el de hacerse rico instalando un baño público con ocasión de la visita del pontífice.

★★★★☆ Muy Buena

El baño del Papa

El baño del Papa es el primer largometraje de César Charlone y Enrique Fernández, siendo elegida por Uruguay como candidata al Óscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa en 2007.

Protagonizada por César Troncoso, Virginia Méndez, Virginia Ruíz, Mario Silva, Nelson Lence, Henry De Leon, Jose Arce, Rosario Dos Santos y Hugo Blandamuro, la película nos sitúa en 1988, poco antes de la visita del ya fallecido Papa Juan Pablo II a la pequeña localidad uruguaya de Melo, fronteriza con Brasil. Los sondeos calculan que 50.000 personas acudirán a verlo, por lo que los pobladores más humildes de Melo creen que vendiéndole comida y bebida a esa multitud se harán casi ricos. Beto, un contrabandista, decide en cambio construir un excusado enfrente de su casa y alquilar el servicio.

A caballo entre el drama social y la sátira, El baño del Papa es una película repleta de intenciones y matices, tanto por el marco en el que se sitúa como por el retrato que de sus personajes es realizado.

La ópera prima de César Charlone y Enrique Fernández tarda en arrancar, se inicia de un modo casi contemplativo con una serie de largos planos panorámicos de gran belleza en los que sus protagonistas se funden con el paisaje gracias a la acertada banda sonora de y Gabriel Casacuberta y Luciano Supervielle. De este modo, El baño del Papa transcurre con parsimonia, que no lentitud, hasta alcanzar casi la mitad de su metraje, dedicándose a perfilar su entramado y bosquejar a sus personajes sin necesidad de precipitar los acontecimientos.

Dicho retrato casi costumbrista resulta ser la principal baza de la película, donde sus protagonistas son desgranados y evolucionan con credibilidad y fluidez, mostrándonos sus esperanzas, sus problemas y vicisitudes, cielo e infierno focalizados en un Beto repleto de ideas absurdas y sueños quiméricos nacidos de la desesperación, y que no deja de ser el paradigma de todos los pobladores de Melo y, en general, del estrato social al que pertenece.

Así pues, El baño del Papa combina dicho retrato de sus personajes con una agridulce crítica socioeconómica, mostrándonos el umbral de extrema pobreza de una parte de la sociedad corrupta en sus estamentos y que debe lidiar día a día con toda suerte de contrariedades para subsistir y atisbar cierta esperanza para las generaciones posteriores. El permanente aunque débil halo de fábula que impregna a El baño del Papa contrasta diametralmente con la mundanidad general, concediéndole mayor profundidad y, por qué no, crudeza, a la suerte de unos personajes que se niegan a rendirse a pesar de los contínuos varapalos que reciben, salvando todos y cada uno de los obstáculos que se les presentan con tenacidad, ingenio, amistad y obcecación.

Y es que, por encima de todo, El baño del Papa es una película de esperanzas frustradas, de desesperación, de sueños tan quijotescos como el de hacerse rico instalando un baño público con ocasión de la visita del pontífice. Y es que a veces es más importante el camino recorrido que el premio al final del viaje.
publicado por Oscar Martínez el 21 abril, 2008

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