muchocine opiniones de cinedesde 2005

Uruguay, al igual que Teruel, existe, y da mucho de sí

★★★☆☆ Buena

Mal día para pescar

Uno se escapa del trabajo un cuarto de hora antes para poder coger el tren que te deje a las puertas de la filmo a las 17:30 clavadas para poder ver La noche que dejó de llover, y resulta que te han cambiado la programación. A la cabeza se te vienen las colas, las esperas, las anulaciones, la falta de entradas para todas esas películas que nunca llegaste a ver. Te acuerdas de todas esas horas en el metro que podías haber empleado en cualquier otra chorrada, y terminas pensando que en el fondo eres un friky porque te niegas a ver pelis bajadas de internet, porque crees que las películas se hacen para verse en una pantalla que no se mida en pulgadas, y que si se rueda en celuloide también se tiene que proyectar en celuloide. Te acuerdas de todos los personajes que ya tienes identificados en cada lugar de proyección al que vas (el que ronca, al que le suena la alarma del teléfono y que nunca apaga, el que está sordo y grita pensando que susurra, el que huele a vagabundo), y no puedes dejar de imaginar si terminarás siendo uno más, si no es mejor ver esas cien películas imprescindibles que todo libro nombra, y olvidarse de hacer descubrimientos, de rebuscar entre directores, actores y países que templadamente irá desfilando por las grietas de la memoria colectiva.

Y después piensas que no, que no es que te guste el cine, es que lo amas, y como con tu pareja, quieres pasar el mayor tiempo posible pegado a ella para descubrir hasta el más mínimo detalle, y así amarla más.

Sonará enfermo, pero es la realidad.

Como decía, iba a ver La noche que dejó de llover, película del 2008 que finalmente iba a estrenarse a finales de 2009. Pero la filmoteca tiene sus propias reglas: cambian de programación, no llegan las latas, o no llega el que se encarga del subtitulado… Ojo, no confundáis: por mí, pueden tener estos fallos y cientos más. A cambio me ha descubierto cientos de películas y he redescubierto otras tantas a un precio simbólico.

Después de esta parrafada autobiográfica con pinceladas estrambóticas en un vano intento por emular a Henry Miller, decir que si entré en la sala fueron por dos razones:

1.- volver a meterme en el metro habiendo salido de él hacía cinco minutos no era opción,

2.- la película sustituta estaba protagonizada por extranjeros.

Y tú, inteligente lector o amiguete aburrido, pensarás que el motivo de que sean actores extranjeros no es suficiente para ver una película. En este caso sí, y me explico: la taquillera te vendía la peli como reajuste dentro de la programación de los Goya que proyectaba la filmo, por lo que tenía toda la pinta de ser española, y el título (recordemos, Mal día para pescar, no muy fino, está titulada como dando por hecho que no va a haber casi público interesado en ella) me atraía tanto como un café con anchoas.

Derrumbando en mi butaca, mi primera sorpresa fue comprobar que era una coproducción, con Uruguay como país principal, pero que ahí estaba metida hasta la comunidad de Madrid. Mi segunda sorpresa fue la pareja protagonista. Uno, Gary Piquer, un escocés de padre catalán; al principio dudas de cuál era su idioma materno, el inglés o el español, y te das cuenta que hay gente que tiene en don de la ubicuidad lingüística. Dos, Jouko Ahola, una mole humana, un golem escandinavo, el hombre más fuerte del mundo en 1997 y 1999, un cruce ario entre un harrijasotzaile con el increíble Hulk. Y yo que al ver la ficha pensé que era japonés…

Vamos al meollo. Piquer, que se hace pasar por un príncipe, es el manager de Ahola, un antiguo campeón de lucha libre que ahora se dedica a recorrer pequeñas ciudades de Latinoamérica retando a quien pueda tumbarle por mil dólares. Por supuesto, ni tienen mil dólares, ni Príncipe deja que nadie que pueda vencerle se le enfrente, amañando las peleas. Hasta…

Hasta que llega el momento de la verdad, enfrentarse a alguien más joven, más fuerte y menos borrachuzo que el gigante finlandés.

¿Resultado? Un producto mucho más que digno, una historia de pícaros en la que el desarrollo de los personajes se queda corto (¡el tiempo no da para más!) pero compensado con una fotografía de tonos cálidos que nos sumerge en un perpetuo atardecer (fantástico Álvaro Gutiérrez), compensado con una ristra de nuevos rostros que sabes difícilmente vas a volver a ver, pero que se merecen miles de oportunidades (grandioso el periodista de cuarta interpretado por César Troncoso, personaje puro, el hijo bueno de Rick Blaine).

Terminamos con Álvaro Brechner, guionista y director, primerizo en la dirección de largos, sabe el oficio, y lo demuestra. Esperemos se quede en España por largo tiempo. De algo deben de servir las subvenciones.

Lo mejor: La pareja protagonista, como extraterrestres en ese Uruguay sesentero
Lo peor: Igual un poco más de pelea...
publicado por Damián Bulet Bengoa el 12 marzo, 2010

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