El problema de esta secuela viene siendo el hilo conductor al que su director quiso apostar.

★★☆☆☆ Mediocre

Harry Potter y el Misterio del Príncipe

La larga espera de dos años para los fanáticos de esta saga finalmente ha culminado con el estreno ayer de la sexta entrega de Harry Potter. Esta densa película con un metraje de 2Hrs 33 Mins tiene de nuevo como su director a David Yates encargado de su predecesora Harry Potter y la Órden del Fénix. Aún no se determina el presupuesto total de esta cinta, pero se estima que fue alrededor de 200 millones de dólares convirtiéndola así en la más costosa de esta franquicia. La película también ha batido su primer record al tener el mejor día de apertura con una taquilla que alcanzó los 104 millones de dólares, dejando a un lado de paso, a la secuela de Batman, El caballero Oscuro.

Muchos lectores del libro (de 608 páginas) publicado en el año 2005 por la escritora J.K. Rowling reconocen que el Misterio del Príncipe posee una estructura muy distinta y con un enérgico entretenimiento no visto antes en las anteriores entregas. De la misma manera resultará para muchos la versión cinematográfica que conservando la esencia del libro – al menos en esta parte -, no está cargada de la acostumbradas aventuras y diversiones por las que pasa Potter y sus amigos, pero si de algunas de las remembranzas que posee la historia original con las que se comienzan a atar algunos cabos y se abona el terreno para lo que será su parte final; es decir, no hay que desconocer que ante todo Harry Potter y El Misterio del Príncipe es una película de transición, por lo que podría confundirse como la secuela de ritmo más lento.

Tal como lo anticipaba la producción, esta cinta sin duda es mucho más oscura, dado los grandes misterios que la hechizan y que en esta parte no terminan por develarse, aspecto que no debería causar sorpresa alguna.

El problema de esta secuela viene siendo el hilo conductor al que su director quiso apostar. La película da prioridad al “ataque” hormonal por los que atraviesan varios de los estudiantes del colegio Hogwarts y no le saca mucho provecho al proceso de conversión por el que debe pasar Harry Potter; y no solo por el tema de la edad, antes de enfrentarse al innombrable.

Por ello en esta versión hay una obstinada intención de mostrar reiterativamente los jugueteos adolescentes con una comicidad efectista pero nada memorable. Y de ahí a que la aparición y determinante participación de los personajes adultos queda relegada a un segundo plano.

Las cosas que más interesaban a los fieles seguidores de la historia, son por desgracia las que más quedan en deuda. Poco se explotó el hecho de que en este capítulo Potter muestra claras señales de su madurez y sus pocos deseos por presentarse ante los demás como el héroe. Tampoco hubo grandes y devastadores momentos de emotividad a causa de las largas horas que pasa Potter con su gran maestro Dumbledore, que como todos sabemos serán las últimas enseñanzas que éste le deje. Y mucho menos se refleja todos los sentimientos encontrados; impotencia, tristeza, odio, soledad, rencor, por los que atraviesa el colegio tras la desaparición de su director. Yates apenas deja ver una tibia y corta despedida para tan importante personaje dentro de esta historia. Muchos esperaban las escenas más majestuosas de quien sería el mago de magos.

El peso de esta cinta recae sobre los adolescentes, algunos de ellos mostrando su evolución como los jóvenes Rupert Grint (Ron Weasley), Bonnie Wright (Ginny Weasley) and Evanna Lynch (Luna). Pero en quien se centra la atención, Daniel Radcliffe, le sigue faltando una enorme expresividad y carisma, aspecto profundamente visible en este filme en los momentos de mayor emotividad.

La parte visual, la fotografía, los efectos y el cuidado minucioso de los detalles sigue siendo de las cosas que más se disfrutan de esta historia llena de fantasía que en varios casos de destacan por encima de sus anteriores producciones.

publicado por Sandra Ríos el 17 julio, 2009

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