Ni todos los CGI´s, ni toda la Sci-Fi, ni todos los animalitos del mundo pueden cambiar el paso del tiempo. Parece que, después de todo, Indy no encontró el Santo Grial.

★★☆☆☆ Mediocre

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

No es cosa tuya, doc. Soy yo. Ya lo dijiste una vez: "no es la edad, nena, es el kilometraje". En 19 años he recorrido kilómetros y kilómetros de celuloide, de toda clase y calidad, y creo que me empiezan a pesar. Quizá por eso, cuando te he visto cara a cara por primera vez en tanto tiempo, no he podido aceptar lo que veía. Tú eres el mismo, soy yo el que ha cambiado.

¿O no?

La sinopsis de ‘Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal’ es rápida, y a estas alturas archiconocida: Indiana Jones compite con los villanos de turno para llegar antes a un objeto de poder inimaginable. Hasta aquí, la verdad, estamos como en casa, nada ha cambiado. Se introducen los elementos característicos de la serie B de los años 50: platillos volantes y conspiraciones comunistas. Lástima que no se desarrollen como se merecen.

El espectáculo comienza, y vuelves a mirar a los ojos del héroe. Más viejo, claro. Rodeado de CGI y soldados enemigos, a partes iguales. Quizá más oxidado (el látigo ya no restalla sobre su cabeza), con un sarcasmo más diluido, y con un extraño reparo a la hora de matar (la trilogía de Indiana Jones está escrita con sangre de villano sobre piedra milenaria). Pero esencialmente es el mismo, eso también hay que reconocerlo.

¿Sus acompañantes? En esta ocasión son Mac (un Ray Winstone que pasaba por allí), que quizá se lleve el premio al personaje más estúpido de la saga; Mutt Williams (muy efectivo Shia LaBeouf), el único secundario decente; Harry Oxley (John Hurt haciendo lo mismo que Sean Connery en aquel pasaje de ‘El Hombre que pudo reinar’: el tonto); y Marion. Ah, Marion, la eterna novia, desaparecida durante dos secuelas y casi treinta años. Karen Allen es una sombra de lo que fue, pero su reencuentro con Indy vale casi lo mismo que el resto de la película.

¿Y los villanos? Irina Spalko (preciosa y sobreactuadísima Cate Blanchett) es más una aprendiza de Belloq con acento ucraniano que una Elsa Schneider bolchevique, y no da ni una sola posibilidad de filtreo a Indy. De hecho, su labor en la trama se reduce a acompañar a sus soldados y soltar un interesante monólogo sobre el control mental que es tan sólo eso, un monólogo. Ah, y también sabe esgrima, dato útil para animar la breve pelea contra el joven Mutt.

Y es aquí donde empiezas a notar que algo ha cambiado. Las ganas de ver pelear, sufrir, a Indy, son las mismas que hace casi 20 años. Y las peleas con Indy han sido sordas, sucias, y rara vez intervienen terceros en su ayuda (¿verdad, Willie?). Y sobre todo, inverosímiles. Durante tres entregas he visto al doctor Jones manejar el látigo, el revólver, la ametralladora, los puños, tirar arena a los ojos del adversario, vaciar un camión de nazis (¡dos veces!), justas en motocicleta, carreras en vagones de mina, en lancha, a caballo (¡contra un tanque!), en balsa (¡Himalaya abajo!), peleas sobre una cinta trituradora de piedra… y siempre, siempre, tenía la sensación de que, esa vez, Indy no podría escapar, al menos sin salir herido. Ahora, si salvamos el apocalíptico y divertido prólogo y la pelea contra cierto matón ruso, indy se limita a ser el paquete en la moto de Mutt o el pasajero en el coche anfibio que conduce Marion, y a ratos está incluso excluído de la acción. No es el kilometraje, no, es la edad.

Y hay más cambios: en el uso del sentido del humor, por ejemplo. Exceptuando los primeros minutos de reencuentro Marion/Indy y algunos gags inspirados, los intentos de David Koepp y George Lucas por hacer reir al espectador no están a la altura de la saga. Recuerdan, de hecho, más a la franquicia de ‘La Momia’ que a los memorables gags de los tres "Indys" anteriores. Quizá soy yo, que ya no me río como antes. Pero es que he vuelto a ver a Indy resolviendo un duelo a espada en El Cairo con un balazo y me he vuelto a reir. Quizá no soy yo.

En el aspecto técnico, se están cargando mucho las tintas sobre el uso del CGI, cuando cualquiera de las tres partes anteriores tienen algunas transparencias bastante cantarinas, incluso para la época. Eso no me parece grave. Sí me lo parece la labor de Janusz Kaminski, empeñado en utilizar claroscuros y contraluces hasta en el corazón de la jungla. Tampoco es ajeno a su parte de culpa Spielberg, con una dirección a veces pirotécnica (el prólogo, las persecuciones) y otras de geriátrico puro (la escena final). El look visual polvoriento y de batalla se ha sustituido por otro mucho más aseado, más amable. Eso también ha cambiado. Y eso no es cosa mía, estoy casi seguro. En cuanto a la música de John Williams, debe dar tranquilidad componer para una cuarta parte en la que puede reutilizar temas tan hermosos como el de Marion de ‘En Busca del Arca Perdida’, o la celebérrima marcha. Quizá sea el único elemento que no ha cambiado.

El caso es, doctor Jones, que no me he alegrado tanto de verte como pensaba. Y quizá no eres tú, sino yo. Ya sabes, tendemos a idealizar hasta mitificar. Y tú eres un mito, una silueta recortada contra un ocaso que nunca llega, no el capullo que se resiste a dejarle el sombrero y el látigo a otro, aunque ya no pueda ni blandirlo. Como dijo Belloq una vez: "Au Revoir, doctor Jones".

Un 5, porque entretiene. Como ‘La Momia’, como ‘Piratas del Caribe’, como …
Lo mejor: Un buen primer tercio de película. La persecución por la jungla. Algunos autohomenajes y momentos Marion & Indy. La presentación del héroe.
Lo peor: Los perritos de la pradera. Mac. Los rusos son unos nenazas. Los karatekas del cementerio. Indy ha dejado de ser letal.
publicado por Plissken el 27 mayo, 2008

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