Reencontrarse con Indiana Jones es como volver a topar con un amor del pasado, al que hasta le ha salido un “”hijo””, Shia LaBeouf. Y este encuentro es emocionante, incluso como para perdonarle todos sus evidentes defectos.

★★★☆☆ Buena

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Poco después de su presentación mundial en el festival de Cannes, un crítico francés dijo que esta cuarta entrega de Indiana Jones era como reencontrarse con un antiguo amor. Y así es para todos los fans y seguidores de esta saga que, con el pasado de los años, ha ido volviéndose más mítica. Y lo ha hecho, incluso pasando por encima de las críticas poco favorables que haberlas hubo también en su momento.

No está de más recordar que tanto Indiana Jones y el templo maldito como Indiana Jones y la última cruzada tampoco fueron ensalzadas por unanimidad, dividiendo en opiniones encontradas entre los más entusiastas y sus detractores, quitándole hierro a la importancia de sus valores, y alguno clamando al cielo porque estas aventuras de Indy urdidas por Spielberg y George Lucas atentaban contra las historias y personajes del género más clásico de aventuras.

Pero, cosas de la vida, y del cine, ahora Indiana Jones es uno de los mayores y mejores exponentes del género de aventuras clásico. Y lo es en plena época de innovación y revolución de los efectos visuales mediante el CGI, o de la moda de los superhéroes y los largometrajes de animación en 3D. Y los mismos Spielberg y Lucas, que  han utilizado a fondo las posibilidades digitales, vuelven su mirada a Indy para recrear una espectacular trama basándose sobre todo en esos efectos especiales artesanales de hace veinte años, el cartón piedra de los decorados o los fondos con croma por encima de la infografía (que también hay en El Reino de la Calavera de Cristal). Y lo hacen después que el mismo Spielberg diera un paso más en las imágenes generadas por ordenador con Parque Jurásico (1993), y un poco antes hiciera lo propio James Cameron con Terminator 2 (1991) o, volviendo a los ochenta, el terreno de producción cinematográfica de Indy, también Spielberg, como director, y Barry Levinson, tras las cámaras, empezaran a experimentar con los CGI en El secreto de la pirámide (1986).

Plasmando un relato de aventuras fiel a los esquemas y codificaciones del género en su estado más puro: la doble identidad del protagonista, los enigmas, el sentido de lo exótico y mágico, romanticismo, aprendizaje o el "premio" para el héroe (casi siempre en forma de bella damisela, ¡así tal cual en esa codificación de las pautas del género!). Deudor de los viejos seriales que tanto gustaban a George Lucas, también de la saga Bond de la que Spielberg le hubiera encantado realizar una película sino hubiera existido Indy. Y, como no, de los parques temáticos, cómics y arcaicos videojuegos de hace más de veinte años.

Y este Indy (y Harrison Ford) envejecido se convierte pese a los defectos y virtudes de esta cuarta entrega, no sólo en un homenaje para sus fans; también en un modelo del género, de un género que hoy en día brilla precisamente por la escasez de buenas películas, de realizadores que pese a tanta infografía no saben filmar una buena secuencia de acción. Recogiendo y transmitiendo la esencia más pura del cine de aventuras. No en vano contiene claros guiños cinéfilos, por ejemplo, a las otras tres películas de la saga o a Cuando ruge la marabunta, Tarzán, Robin de los bosques o Viaje al centro de la Tierra.

Y consigue ser un modelo incluso teniendo en cuenta que esta cuarta entrega de Indiana Jones es más bien floja. Decepcionante en parte (y un hecho que queda agudizado por el poco vibrante y sí rutinario clímax final), por su irregular empleo del CGI en las secuencias que se recurre a ello, por la base tan raquítica que arma el esqueleto y la columna vertebral de su guión o por la nulidad para aprovechar personajes tan interesantes a priori como la Irina que interpreta una excelente Cate Blanchett.

Logra ser ejemplar pese a tener a Sean Connery como el gran ausente. Y aprovechando la alusión al actor escocés, no esperen aquí los más exigentes una reflexión agridulce en torno a la madurez y crepúsculo de un mito similar a la (imprescindible) Robin y Marian, con Audrey Hepburn y Sean Connery. Aunque sí regrese Karen Allen como Marion, pero con un rol muy distinto al asignado a la Hepburn.

Porque Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal es ante todo una película-homenaje (ni siquiera faltan los recuerdos para Denholm Elliott), sin ganas por arriesgar en lo más mínimo, pero manteniendo una planificación y encuadres magníficos en sus escenas de acción (la de la persecución en moto es toda una lección al respecto). Manteniendo con elegancia su nivel de referentes (como la comentadísima primera aparición de Shia LaBeouf a lo Marlon Brando en ¡Salvaje!); o con momentos para hacernos encoger el corazón, por ejemplo, cuando uno de los dos ‘hombres de negro’ del FBI pone en duda los "méritos" que puede haber hecho nuestro Indy para ganarse tantas medallas a lo largo de su trayectoria y, acto seguido, la cámara encuadrando la reacción de éste.

Sí. Definitivamente reencontrarse con Indiana Jones es como volver a topar con un amor y una pasión del pasado, al que hasta le ha salido un "hijo", un Shia LaBeouf que está a la altura y sin pretender desbancar al "abuelo" Harrison Ford en su protagonismo. Y este reencuentro es emocionante, incluso como para  perdonarle todos sus evidentes defectos. Y no deja de ser plausible que, en criticadísima secuencia final, Spielberg y Lucas se nieguen a dejar a su héroe sólo en su vejez. Aunque, eso sí, se le puede reprochar a Spielberg y Lucas el no haber hecho una película realmente grande.

publicado por Carles el 30 mayo, 2008

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