Tiene guasa que el hombre que quería justificar que no era comunista filmara una de las escenas más rojas que ha visto el cine.

★★★★★ Excelente

La ley del silencio

El bueno de Elia Kazan necesitaba limpiar su nombre en la América de los 50. Comunista inconfeso, había sido pillado por la caza de brujas de McCarthy en pleno apogeo de la guerra fría y tuvo que delatar a todos sus amigos y colaboradores, así que esta película fue una justificación por no tener el valor de callar y aguantar las consecuencias. La verdad es que si esto no hubiera sucedido no habríamos tenido el placer de ver una de las mejores películas de siempre, lo que no hace más que confirmar la famosa teoría del ying y el yang de que todo lo malo tiene una parte positiva y viceversa. Para que luego hablen mal de los cobardes …

Al principio de la película vemos al Marlon Brando arquetípico de su juventud, el mismo de “Salvaje” o “Un tranvía llamado deseo”, un joven juerguista y violento despreocupado del futuro. Sólo James Dean puede quitarle el título de antihéroe rebelde por antonomasia. El caso es que es un boxeador retirado que trabaja en un muelle portuario dominado por el típico cacique (genial Lee J. Cobb) que explota a los estibadores con métodos mafiosos queriendo parecer que cuida de ellos, parecido a lo que Brando haría dos décadas después en “El Padrino”.

Todo cambia al conocer al personaje que representa Eva Marie Saint (Eddie), cándida pero valiente hermana de un asesinado por los sicarios del cacique tras un chivatazo involuntario de Terry (Marlon Brando). No sé si habrá pasado muchas veces pero esta mujer debutó aquí en el cine y se llevó el Oscar.

Eddie estudia en un convento de monjas y, al ser asesinado su hermano, vuelve para cuidar a su padre e intentar esclarecer la “omertá” sobre el crimen. Para ello recurre al párroco del barrio (el magnífico Karl Malden y su no menos magnífica narizota), un cura sospechosamente idéntico al padre Pietro de Aldo Fabrizi en “Roma, cittá aperta”. Para no alargarme diré que es el cura que vale, el que se la juega por su parroquia, el que no le da miedo que le cosan a tiros por denunciar una injusticia, el cura atento y trabajador. La verdad es que yo estudié en colegio de curas y no había ninguno de éstos, se ocupaban más de beber vino y jugar al mus. Supongo que será como las meigas, que haberlos haylos.

Entre ambos hacen ver a Terry los valores de la honradez y que el camino fácil no es siempre el mejor, aunque la cosa se le complica al bueno de Brando cuando confiesa a Eddie su participación en el asesinato de su hermano. También tiene que ver como su hermano, brazo derecho del jefe mafioso, es asesinado por protegerle de éste. Tras estas dos bofetadas lo que le pide el cuerpo es dejar al cacique con más agujeros que un colador, pero ahí aparecen de nuevo la chavala y el cura para hacerle entender que las cosas hay que pensarlas y que la mejor venganza se sirve en plato frío.

Así, Terry testifica en un juicio en contra de la cúpula de capos y sabe que no podrá trabajar más en ese muelle. Incluso sus compañeros le dan la espalda. Pero como buen héroe americano (cosa que no era Kazan, ni héroe ni americano) vuelve al muelle a pedir trabajo a los que  ha acusado con la cabeza alta, sabedor de que ha hecho lo que debía. El final no lo cuento para no echar atrás a posibles interesados a corto plazo pero tiene guasa que el hombre que quería justificar que no era comunista filmara una de las escenas más rojas que ha visto el cine. Debieron caer muchas lágrimas de emoción en el Kremlin …

Así que dejemos en paz a Kazan (su mala conciencia ya le atormentaría lo suficiente) y reconozcámosle su trabajo. En cuanto a la actuación Brando demuestra otra vez porque está en el panteón de los dioses con sus cientos de registros (enfadado, alegre, triste, irónico, chulo, …) siempre creíbles y geniales. Los secundarios, tanto los estibadores como los colosales Malden y Cobb, deslumbran y quizás el punto negro sea la gélida belleza de Eva Marie Saint. Demasiado guapa y demasiado fría para hacer de heroína de barrio bajo, una loba con piel de cordero y ojos de tigre estilo Katharine Hepburn o Lauren Bacall hubiera sido más creíble. Pero no empaña la genialidad de la película, en absoluto. Una obra maestra.

Lo peor:

publicado por Javier Martínez el 26 agosto, 2008

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