Pese a estar dirigida por uno que hace años que ha olvidado como acabar una película sin destrozarla y guionizada por otro que tan endiosado que no ve las tonterías que escribe, el regreso de Indy a la gran pantalla es de lo mejor de la cartelera.

★★★☆☆ Buena

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

Casi veinte años hemos tenido que esperar para ver una nueva entrega de Indiana Jones. Tras varios guiones descartados por George Lucas, experto en buenas historias, y otros tantos guionistas despedidos (entre los que se encuentra el propio M. Night Shaymalan), el ultimátum de Harrison Ford, poniendo como fecha tope para estrenar la película en 2008, Spielberg se vio obligado a buscar una buena historia para llevarla al cine. De nuevo, el talento creativo de Lucas convenció a Spielberg de que una historia alrededor de las misteriosas calaveras de cristal andinas podría dar mucho juego. El resultado es una película dirigida por alguien que hace años que ha olvidado como acabar una película sin destrozarla por completo y un guionista que, o está tan endiosado que no se da cuenta de las tonterías que escribe, o tiene un Alzheimer galopante que amenaza con traernos la tercera trilogía de Star Wars con Jar Jar Binks como protagonista.

La pregunta que se hace cualquiera que haya disfrutado de las tres entregas anteriores es si la película merece la pena. La respuesta es que, hasta los estrepitosos diez minutos finales, al menos es una entrega digna. El saborcillo al Indy más clásico está aquí y no falta ningún ingrediente: los malos malísimos, que en esta ocasión son los rusos, en los inicios de la Guerra Fría, capitaneados por una estupenda Cate Blanchett; la búsqueda de un objeto mítico, aunque en esta ocasión es algo menos mítico que el Arca de la Alianza o el Grial, pero la presentación consigue interesar al espectador sobre lo que esconde la calavera de cristal; las pruebas y las trampas, aunque algunas parecen más orientadas a la versión de la película para PlayStation.

Pero lo mejor que tiene es el ritmo reposado, que huye de referencias actuales en el cine de aventuras como La Momia o Piratas del Caribe. La película está rodada casi como hace veinte años y Spielberg ha prescindido de los planos excesivamente cortos y en movimiento, que tan sólo sirven para ocultar la ineptitud de la dirección y la fotografía, así como del abuso de los efectos especiales. De hecho, hay una escena que se basa en los efectos generados por ordenador y bien podrían haberla dejado en Jumanji, que es de donde supongo que la han sacado. Pese a todo, esta película podría haberse rodado en 1989 con no demasiados cambios y eso está lejos de ser un defecto.

Los actores están bastante bien y Harrison Ford mantiene el tipo y, aunque en algunas escenas suponemos al doble, esta en muy buena forma, tanto física como interpretativa. También nos encontraremos con los diálogos rozando lo cómico que son sello de la saga, lo que unido a todo lo demás hace que en muchos momentos no seamos conscientes que son veinte años los que separan la última entrega de esta y parezca que Indy nunca se hubiera ido. Al menos, esta agradable sensación dura hasta el último cuarto de hora donde, no tanto el guión, sino la puesta en escena del guión hace aguas por todas partes y destruye toda la magia que había creado. De las cientos de maneras de terminar la trama de Indiana Jones y el Templo de la Calavera de Cristal, sin duda han escogido una de las peores. Si hasta ese momento la historia se había movido en el terreno de lo plausible y se había prescindido del ordenador para aportar realismo, en un minuto la película se desdice a sí misma y deja al espectador con cara de WTF!. No se quién es más responsable, si Lucas porque casi seguro que tuvo la ocurrencia o Spielberg por ser tan corto de miras como para no darse cuenta de lo que estaba haciendo.

En resumen, la cuarta entrega de las aventuras de Indiana Jones es una película entretenida, con sabor a clásico y que apuesta por una forma de hacer cine que se aleja de la deriva que hemos vivido los últimos años. Aquí es dónde se nota el genio de Spielberg, que durante una hora y media mantiene al espectador enganchado a una historia que a priori no parecía muy prometedora. Es entonces cuando llega la última media hora, que es una cuesta abajo continuada con barranco insondable al final, un completo anticlímax que te deja un poco mosqueado y te hace suplicar que no se atrevan con una quinta entrega.

Lo mejor: El regustillo a cine clásico de aventuras. Que hayan prescindido casi por completo de los efectos digitales. El arranque de la película.
Lo peor: El sonrojante último cuarto de hora. La trama tiene escenas algo inconexas.

publicado por Taliesin el 10 junio, 2008
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