Este Woody Allen cosecha 2007 no sorprende ni decepciona.

★★★☆☆ Buena

El sueño de Cassandra

Podrían extraerse numerosas conclusiones de este Woody Allen cosecha 2007. En primer lugar no sorprende ni decepciona. Es verdad que el planteo moral y muchos elementos de la historia remiten a Match point, que ya de por sí contenía el mismo planteo que Crímenes y pecados, sin la lucidez de aquella y con su interesante referencia a Crimen y castigo. También es verdad que Ian guarda demasiado parecido con Chris Wilton, el personaje de Jonathan Rhys Meyers en Match point, especialmente en su falta de escrúpulos y su máscara social, y que algunos momentos de relación entre los hermanos nos recuerdan a Antes que el diablo sepa que has muerto, la última película de Sidney Lumet, otro grande del cine a la altura de Allen. Salta a la vista que esta puede contarse entre las peores actuaciones de Ewan McGregor, y que el gesto de desesperación permanente de Terry (Colin Farrell) se vuelve excesivamente intolerable, aunque la performance de Farrell sea mucho mejor que la de su coprotagonista.

Pese a todo esto, y pese a varios desaciertos técnicos, Cassandra’s dream no es más que otro cuento con aire (y referencias constantes, desde el título en adelante) a tragedia griega, las piezas aquí encajan mucho mejor que en su anterior drama, con el eterno debate sobre el destino escrito o la libre elección del mismo, esta vez en manos de un jugador empedernido, lo que hace que esta idea de base se fortalezca gracias a estos aspectos, contrastando con una puesta en escena que tiende a enfatizar la superficialidad social en la que se ve inmerso Ian por su propia voluntad. Cassandra’s dream posee claras virtudes (la escena en la que el tío Howard les “pide colaboración” desentona tanto con el clima liviano que venía llevando la película, que termina por adoptar ribetes tragicómicos) y momentos en que hace agua, particularmente en su brusco desenlace (que, por otra parte, hace honor a la tragedia), y en algunas desbocadas bajadas de línea moral, siempre en manos del personaje del padre. Sin embargo, se lo puede ver a Woody Allen sacándole punta a una idea recurrente en su filmografía, y pese a que no pueda llegar al nivel de sus clásicos, principalmente por su cada vez más notoria morosidad narrativa, siempre resulta curioso ver a un realizador como Allen, uno de los pocos maestros vivos del cine, consciente de los problemas morales que le interesa exponer como realizador, y preocupado por contar un relato atractivo, con mucha tela para cortar.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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