Una de las películas que menos consiguen ocultar la falta de ingenuidad de sus realizadores a la hora de planificar este proyecto.

★★★☆☆ Buena

El baño del Papa

El baño del papa formó parte de la Sección Oficial del Festival de Cannes 2007, y obtuvo el Premio Horizontes Latinos en el Festival de San Sebastián. Muchas películas latinoamericanas triunfan en los principales festivales internacionales, inclusive algunos films uruguayos, como Whisky, la última película de la dupla Rebella – Stoll luego de 25 watts, primera sorpresa del cine uruguayo. La diferencia entre aquellas y esta es abismal. La malograda dupla (Rebella se quitó la vida tres años después de la realización de Whisky) nunca hizo foco en la clase baja uruguaya. La película dirigida por la reciente dupla de Enrique Fernández y César Charlone, en cambio, apela a un cine emparentado con el neorrealismo italiano, puntualmente en lo que hace a las situaciones absurdas y trágicas de la vida cotidiana, en este caso representadas en el esfuerzo de Beto por construir un baño para aprovechar económicamente la supuesta afluencia de público que acarreará la visita del Papa. Esta idea desembocará en numerosas escenas narradas a trazo grueso, ejemplo de esto es el final, con una hija emocionada por ver a su padre lejos del descarrilamiento en el que ha caído por un trabajo esclavizante y su recurrencia al alcohol.

Los elementos más destacados de esta propuesta se encuentran en las solventes actuaciones del elenco, principalmente de César Troncoso y Virginia Méndez, y la manera en que se describe la miserable situación de los contrabandistas que viven en Melo. Sin embargo, El baño del papa es una de las películas que menos consiguen ocultar la falta de ingenuidad de sus realizadores a la hora de planificar este proyecto. César Charlone viene trabajar en Hollywood luego de consagrarse internacionalmente como director de fotografía de Ciudad de Dios, película que guarda no pocas similitudes con esta. Si bien el virtuosismo visual y la tendencia al cine de género de aquella contrastan con el humor uruguayo y el costumbrismo de ésta, ambas insisten en hacer hincapié en las clases bajas de sus respectivos países de origen, algo que, se ha analizado muchas veces y desde distintas perspectivas, suele ser el plato preferido de los festivales de cine del Primer Mundo. Los realizadores de El baño del papa conocen perfectamente esta preferencia, y a este plato, por si fuera poco, le adosan un elemento foráneo y a la vez universal, como es la figura del Papa. “El Papa no sabe lo que pasó en Melo”, dice Beto, mientras discute con las imágenes del noticiero, en un gesto que remarca la falta de sutileza a la hora de exponer el discurso demagógico del film, corolario de una suma de imágenes que reflejan la desilusión del pueblo tras la visita del Papa, imágenes más cercanas a la forma que adopta la publicidad para mostrar la pobreza, y que se cuentan entre las pocas secuencias realizadas bajo un criterio estético definido.

publicado por Leo A.Senderovsky el 24 junio, 2008

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