muchocine opiniones de cinedesde 2005

Divertida y plástica en su forma, pero confusa e incompleta en su fondo teniendo en cuenta las posibilidades metafóricas que ofrecía el relato. La última secuencia es el postrer despropósito.

★★☆☆☆ Mediocre

Carrie

Ante todo, Carrie es movimiento y estilismo, y crea la sensación – fundamento del cine de terror – mediante la lograda plasticidad de sus imágenes que rastrean el universo adolescente de forma descriptiva más que narrativa. Las mejores secuencias pertenecen a los primeros compases de la sinfonía visual que Brian de Palma convierte en propósito de autor, casi como queriendo demostrar que la expresión formal define el talento, dejando a un lado el acto de comunicación. El plano secuencia inicial expresa con gran emotividad – ineludible la banda sonora de Pino Donaggio – el tema central mostrando la efusión púber en grupo hasta conducirnos, entre vapores que aislan a la protagonista, a la soledad de Carrie, la adolescente inadaptada que descubre la sangre que será el leit-motiv visual que simboliza el trauma y la venganza consecuente en la escena de la fiesta.

La caracterización del personaje protagonista define el carácter de la obra: el terror que esconde un alma angelical que se rebela contra la incomprensión y el rechazo. O sea, producir el horror desde la sensibilidad (¿sensiblería?) del marginado que necesita formar parte de la sociedad. Todo esto se condensa en secuencias puntuales que dignifican un conjunto irregular, centrado en crear imágenes efectistas y atmósferas perturbadoras mediante el buen uso de la iconografía religiosa, la fotografía y el montaje.

Siendo una obra de pretendida profundidad psicológica, lo cierto es que en la exposición no es otra cosa que un esquema visual inspirado en un texto repleto de tópicos. Nos sorprende que una película como esta se haya convertido en un pequeño clásico de culto y referencia de cinéfilos de criterio incuestionable, pero la verdad es que su concisión no trasciende el esquematismo que convierte lo que debería ser sencillez en simplismo y batiburrillo de intenciones.

Reconozcámoslo también: el personaje que encarna Piper Laurie es innecesariamente esperpéntico, histrionismo en favor de la espectacularidad pero es una rémora en cuanto a la sutil articulación de la confrontación madre-hija que debió poseer la radiografía psicológica, el conflicto generacional. No es una representación versátil, sino más bien tosca.

La fuerza de la imagen sobre la definición del tono y la temática. La secuencia en la fiesta empieza siendo soberbia al jugar inteligentemente con los sentimientos del espectador que se identifica con la reconciliación de Carrie al tiempo que es testigo – mudo y ralentizado en el tempo de la imagen – de la trágica resolución. Después de esto, asistimos a uno de los mayores estropicios dado en un clímax que empezaba siendo inmejorable: cuando la silueta ensangrentada desata su poder y comienza el caos, aparece la imagen segmentada, restando fuerza y contenido emocional a la brutal secuencia. Tal vez De Palma quiso demostrar que hay mejores soluciones visuales que la síntesis…Ya dijimos que esto es un ensayo estilista, que demuestra cómo no montar una secuencia determinada que empezaba siendo magistral.

Divertida y plástica en su forma, pero confusa e incompleta en su fondo teniendo en cuenta las posibilidades metafóricas que ofrecía el relato. La última secuencia es el postrer despropósito. Carrie ya no es una representación del adolescente inadaptado, ni la telequinesis es la materialización de su mundo emocional reprimido. Es la excusa para meter caprichosamente un tic que pertenece a otra película. Susto final para taquicardias, pero lamentablemente gratuito. Empezamos hablando de sensibilidad, iconografía, elegancia visual, retrato de la inseguridad adolescente…y acabamos con Romero y Bava.

En fin…una SIMPLE obra maestra del impacto visual.
publicado por José A. Peig el 1 julio, 2008

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