Shyamalan, irreductible, se resiste todavía a ir para donde sopla el viento, sea de los ejecutivos de Hollywood o de lo que espera de él la taquilla.

★★★★☆ Muy Buena

El incidente

Las raíces hindúes de Shyamalan marcan gran parte de la concepción de historias del célebre firmante de El sexto sentido. El director criado desde su infancia en Filadelfia, ciudad a la que rinde tributo filme tras filme, nació en Pondicherry, en la Índia, y ha heredado también una cultura, una forma de narrar y ver las cosas muy ligada a la literatura y los cuentos de esas tierras.

Elementos filosóficos, religiosos, plagados de simbolismos, de mensajes morales y de una especial sensibilidad. Relatos con frecuencia tan sencillos (que no simples) plagados de misticismo, magia, poesía y misterios. Dotados también muchas veces de aparente ingenuidad (no tanto, claro, los del kamasutra), y que logran sortear el ridículo en el que fácilmente podrían caer.

Shyamalan no es que sea exactamente Rabindranath Tagore pero es esencialmente un cuentacuentos. Y lo es sin que esta acepción sea peyorativa, todo lo contrario y por encima de esa etiqueta que se le endosó con El sexto sentido como "director de películas con finales sorpresa". Sus historias nos hablan de las bondades y miserias humanas, siempre con personajes traumatizados o en conflicto interior, e implicados en problemas que trascienden su cotidianeidad. Incluso debiendo enfrentarse a obstáculos donde está en juego el mismo destino de la humanidad.

Y en El incidente, donde los individuos empiezan a suicidarse por causas inexplicables, nos ofrece otro (terrorífico) cuento teñido por esa cultura oriental. Además de una advertencia sobre la mala influencia del ser humano en la naturaleza y la necesidad de rectificar esta conducta. Fabulador prodigioso, su lenguaje cinematográfico es preciso. Largas tomas donde abundan los planos secuencia, sobriedad, planos secos, directos, o inclinación a apoyarse en los detalles o en los mecanismos psicológicos antes que en los grandes efectos visuales. Una brecha abierta en la lona del capot de un auto resulta más inquietante que una aparatosa imagen de caos y destrucción.

Aquí además juega con una idea tan sencilla como la de unos personajes perseguidos y atacados por un fenómeno metereológico tan común y no especialmente espectacular que actúa según los intereses de "aquello" que se ha rebelado contra la raza humana.

Sus protagonistas son gente de lo más corriente (también al inicio en El protegido), con los que fácilmente el espectador se puede identificar. Y en sus tramas habitan personajes, como los de las extrañas comunidades de, por ejemplo, El bosque o La joven del agua, del montón pero también plagados de rarezas y siempre a punto de caer también en ese ridículo que mencionaba. En El incidente sus personajes son también de lo más peculiares, algunos (como la anciana) cayendo en lo grotesco y el efectismo fácil, otros por lo menos curiosos (el militar sin carsima) o acertados, como Alma, la esposa del atribulado protagonista (Mark Wahlberg), que encarna Zooey Deschanel. Extraordinaria como una mujer desequilibrada, alelada, incapaz de mostrar sus sentimientos, de comunicarse con los demás, de asumir responsabilidades. En este aspecto, la última frase que le clava el personaje de John Leguizamo antes de dejar a su hija al cargo de ella y su marido es tan contundente como reveladora.

Y diría que hasta la secuencia donde el matrimonio protagonista llega junto con dos adolescentes hasta una cabaña aislada, la película es irreprochable. Lo que le sigue hasta el final ya es más discutible, desde lo irregular a lo genial, pero nunca carente de interés.

Shyamalan destaca también como un cuentacuentos tan extraordinario y sensible como cruel. Por ejemplo, tenemos la escena en que Elliott (Mark Wahlberg) le explica a la niña (Ashlyn Sanchez) la historia/cuento del anillo que cambia de colores o "la prueba de amor final" entre Alma y Elliott que nos deja con la duda de si ha producido algun efecto "milagroso" o bien sólo ha sido una "coincidencia". Por otro lado, esa fascinación hacia la muerte y lo fantasmagórico del director hindú nos regala momentos por los que si solos vale la pena El Incidente: una pistola que pasa de un suicida a otro, un coche avanzando entre  ahorcados o, sobre todo, la secuencia de los peones de la construcción.

Con el añadido que es uno de los pocos directores que no sólo cuidan el sonido sino que logra resultados excepcionales como recurso narrativo plenamente integrado en la acción y la historia. Algunos de los mejores ejemplos en El incidente son esos golpes de los cuerpos de los obreros de la construcción al chocar contra el suelo, el sonido de unos disparos fuera de campo o el ruído de ese viento amenazador. Otro apartado, el del sonido, que por si solo sería merecedor de un estudio completo al igual que esa (y una más) memorable banda sonora original compuesta por James Newton-Howard en su sexta colaboración seguida con el cineasta hindú.

Puede que El incidente sea una obra menor, pero aún así notable. Y Shyamalan, irreductible, se resiste todavía a ir para donde sopla el viento, sea de los ejecutivos de Hollywood o de lo que espera de él la taquilla.
publicado por Carles el 1 julio, 2008

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.