Podemos resumir su visionado como un episodio hinchadísimo de la serie. Es un conjunto vacío como película pero repleto de escaparates, desfiles, vestidos, zapatos, publicidad, desdichas amorosas y topicazos del género Made in USA.

★★☆☆☆ Mediocre

Sexo en Nueva York

Vuelve el sexo, vuelve Nueva York y vuelven las cuatro chicas más elitistas de toda la historia de la televisión pero esta vez en la gran pantalla. Carrie (Sarah Jessica Parker), Miranda (Cynthia Nixon), Charlotte (Kristin Davis) y Samantha (Kim Cattrall) vuelven a juntarse cuatro años después del final de la sexta temporada para grabar un larguísimo episodio de casi dos horas y media estrenado hace unas semanas en nuestras carteleras y con una impresionante cifra de taquilla. Y es que cualquier excusa es buena para nuestras cuatro protagonistas para dar otra vuelta de tuerca más a la serie creada por Darren Star y Michael Patrick King.

Sexo en Nueva York es un conjunto vacío como película pero repleto de escaparates, desfiles, vestidos, zapatos, publicidad, desdichas amorosas, topicazos del género Made in USA y almíbar; almíbar en exceso para tratarse de Sexo en Nueva York. ¿Qué ha pasado con Carrie? Esa mujer soltera, independiente, liberal y abierta a todo (sin doble sentido). Todos esos valores de su personaje se pierden en cuanto deja atrás a su serie fetiche y comienza la película de Sexo en Nueva York. Ahora es todo demasiado bonito, demasiado artificial. No me lo creo. Además se hecha en falta un mayor protagonismo del sector masculino (véase novios de las chicas) que era mucho más patente en el formato televisivo. Únicamente se le da un poco de importancia a Mr.Big (Chris Noth) y a Steve (David Eigenberg) por los motivos que todos conocemos gracias al destripa-trailer.

No voy a negarlo. Me gusta Sexo en Nueva York, la serie, que no la película. He visto las seis temporadas y reconozco que tiene sus puntos buenos. No soy ningún fan empedernido (al contrario que con mi adorada Friends) pero reconozco todo su potencial. Pero toda esa chispa, ingenio y frescura que desprenden las chicas en la serie parece que se ha evaporado tras dar el salto a la pantalla grande. Nos encontramos ante un desfile de irritantes propuestas y peores resoluciones. Tras una hiperrápida introducción en la que se pone en antecedentes a quienes desconozcan la existencia de esta serie (tampoco entiendo quien va a verla sin haber visto la televisiva serie) y tras el preciosista discurso de una cambiada Carrie Bradshaw, comienza lo bueno. Asistiremos durante más de dos horas a todo tipo de discusiones, enfados, rupturas y sus posteriores reconciliaciones. Todo ello aderezado del humor sexual que caracterizaba a la serie, eso si, rebajado hasta su versión más light y descafeinada.

La primera hora de Sexo en Nueva York se aguanta con soltura, pero a partir de aquí el ritmo decae por momentos y únicamente es salvado por las contadas intervenciones de una inspirada Samantha. Del resto mejor ni hablamos. Cuando llevas dos horas te das cuenta de todo el relleno que han tenido que meter tanto a la historia como al metraje para hacer cabida a todas las firmas y marcas que quería aparecer en la película previo paso por caja. Y es que parece más un desfile de firmas que una película. Y algo peor aún, el personaje de Nueva York desaparece por completo en todo el metraje. Se le releva a una segunda posición como si de un secundario se tratase generando un garrafal fallo y más aún cuando el nombre de este es el que da título a la obra.

Por lo demás, Sexo en Nueva York es una salvable cinta que se mantiene a flote por el tirón que ha tenido la serie al hablar antes que nadie sobre el mundo de las mujeres y el sexo. Podemos resumir su visionado como un episodio hinchadísimo de la serie. Por mi parte consigue el aprobado justito por el personaje de Samantha y la hija chinita de Charlotte que consiguió dibujarme una sonrisa en la cara. El resto más que pasable, poco y malo humor (caca-culo-pedo-pis en México) más propio de una cinta de Apatow que de Sexo en Nueva York. Todo resulta de lo más previsible y ñoño, y asistiremos a una de las versiones más irritantes e histéricas de Carrie Bradshaw. Con su calificación de Mayores de 13 años se pierde una gran baza a su favor que si se disfruto en la serie, y que era dar cabida a lo políticamente incorrecto. Fuera de toda duda, solamente es recomendable para fans o simples aficionados a la serie original o al canal de pago Cosmopolitan. Su tufillo semi-moral al final de la cinta, donde prevalece el amor por encima de todo y de todos se contradice hasta el infinito con el verdadero mensaje que la serie transmitía hace casi una década.
Lo mejor: Las localizaciones y el personaje de Samantha sin duda.
Lo peor: Previsible, estirada y con un mensaje moralista al final que nada tiene que ver con la serie.
publicado por Jaime Martínez el 6 julio, 2008

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