Lo que me fascinó de la película es el tratamiento que se hace de la ingenuidad como arma invencible.

★★★★★ Excelente

La garra del gato

Harold Lloyd fue un grande del humor que, al igual que Chaplin con "Tiempos modernos", trascendió de la comedia con esta maravilla llamada "La garra del gato". Fue una de sus pocos films sonoros y el que mayor crítica social contenía.

 

Ezequiel Cobb (Harold Lloyd) hace su típico papel de “nerd”, sólo que ahora recién llegado de la China pues su padre era misionero en esas tierras. Criado allá en las enseñanzas tradicionales se ve envuelto en una trama política que hace que sea candidato a la alcaldía de Nueva York nada más llegar a los Estados Unidos.

 

Lo que me fascinó de la película es el tratamiento que se hace de la ingenuidad como arma invencible. Ezequiel es un tipo educado en la honradez y la sinceridad, y de golpe y porrazo se encuentra en medio de las corruptelas políticas neoyorkinas. Como se ve, el tema recurrente de las películas de humor actuales de meter al personaje en un mundo totalmente opuesto del que viene ya se hacía en los años 30 …

 

Entre gag y gag Ezequiel va soltando proverbios de un tal Ling Po a diestro y siniestro y George Barbier hace una interpretación magnífica de jefe del partido: Cobb va consiguiendo con el paso de la trama que un político viejo, cansado y  desengañado de todo (Jake Mayo) vuelva a tener fe y valores. Parece sacado de una de Disney pero está tan bien hecho y sin incurrir en tópicos que es una delicia. También el personaje de Lloyd va madurando desde la ingenuidad a un completo dominio de la situación, eso sí, sin desviarse un ápice del camino de la virtud.

 

Me pregunto por qué no tendremos un Ezequiel Cobb en España: un político culto, viajado, educado, que sepa escuchar, ingenuo, incorruptible, recto, trabajador y honrado. Bueno, en la vida real no le dejarían los de las multinacionales, interesa más el perfil cacique de pueblo analfabeto (Aznar) o el perfil marioneta simplona (Zapatero). Me gustaría ser el niño de Mary Poppins para cantar todo esto en una cancioncilla y que Ezequiel llegase a la Moncloa volando sobre un paraguas ….

 

No es una película de humor, es mucho más. Es la constatación definitiva de que la política es una mierda y de que las personas honradas, con su ejemplo individual, quizás no lleguen a cambiar el mundo pero sí  a los de alrededor. No era Ling Po sino Confucio quien decía: “Aprende del recto y examínate en el equivocado”.

 

El final de la película es delirante, surrealista y genial. Una verdadera joya.

Lo peor:

publicado por Javier Martínez el 6 julio, 2008

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