Blomkamp acierta en su composición del ritmo y el vigor adecuados para esta elemental pieza del «»mainstream»», pero a la vez extraña y fecunda ante la mente de visionarios que ya han empezado a imaginar una ciencia ficción que pueda contribuir a crear

★★★☆☆ Buena

Distrito 9

En la película de Neill Blomkamp confluyen estéticas y mensajes de tal modo que la valoración que se pueda hacer de su a priori arbitrario tratamiento visual queda a merced del placer que otorga el espectáculo a todos los niveles. Empieza con un registro que nos remite a portentos recientes como Cloverfield mientras el discurso señala hacia la sátira social y por momentos – esa fotografía en las panorámicas de la imponente nodriza reinando sobre el paisaje de Johanesburgo, esa mirada sensiblera a las relaciones padre-hijo y a la vida conyugal – sigue la estética y el sentido dramático del Spielberg de War of the Worlds. Desde que la huida del protagonista pasa a ser el centro emocional del relato ya estamos de facto en una ciencia ficción insólita con carácter de híbrido entre los delirios seminales del productor Peter Jackson (recordemos la agudeza amateur de Bad Taste como primera pieza magistral de lo que ahora ya es una depurada norma estilística) la recuperación de un James Cameron ochentero y la pesadilla kafkiana bajo la luz de una lectura adecuada a nuestro presente: la metamorfosis responde al miedo ante la reestructuración del orden mundial vigente y como esto afecta al equilibrio entre los grupos raciales o económicos. La punzada, no obstante, se inspira más en el cachondeo que en intelectualismos innecesarios. Una vez más, los alienígenas sirven de pantalla que refleja – en este caso – la problemática del individuo ante el acoso de las grandes corporaciones y el declive moral de esos colectivos caricaturizados. A pesar de tanta sátira reiterativa (y obvia), de una articulación de tonos y temas que puede resultar confusa y de resoluciones discutibles para ciertos pasajes que se intuían apoteósicos, Blomkamp acierta en su composición del ritmo y el vigor adecuados para esta elemental pieza del "mainstream", pero a la vez extraña y fecunda ante la mente de visionarios que ya han empezado a imaginar una ciencia ficción que pueda contribuir a crear la fantasía de los próximos decenios, con sus inevitables metáforas. A las opiniones y comentarios que ha generado la película me remito. Pero esto no tiene madera de clásico. Solo es un punto de partida.
publicado por José A. Peig el 16 septiembre, 2009

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