muchocine opiniones de cinedesde 2005

un espectáculo ameno en ocasiones pero tremendamente vacío y descerebrado, sin duda mejor y más disfrutable que muchas de las peripecias juveniles de su época, pero eso, por desgracia, no es suficiente

★★☆☆☆ Mediocre

Destino final

A pesar de su fecha de estreno, Destino final (2000) podría muy bien ser catalogada como la última película de terror juvenil de los noventa, o al menos, aquella en la que el concepto popularizado por Wes Craven y Kevin Williamson con Scream (1996) llegó a su máxima expresión. El éxito de esta película fue fenomenal, generando hasta la fecha dos secuelas con una tercera a estrenarse este año, y consolidó las carreras de sus tres máximos responsables, el director James Wong, el productor Glen Morgan y el guionista Jeffrey Reddick, quienes han participado de una forma u otra en todas las entregas de la saga. Los dos primeros ya habían trabajado juntos durante varios años como guionistas de Los expedientes X, y de hecho el guión de esta película viene de una idea para un episodio de dicha serie que nunca llegó a realizarse.

Lo primero que hay que decir es que, si bien resulta fácilmente olvidable, Destino final es muy divertida y menos difícil de soportar que la mayoría de sus congéneres, lo que no significa que sea una buena película. Lo mejor que tiene sin duda alguna son los primeros quince minutos, en los que el trío de creadores orquesta un espeluznante accidente aéreo con un lujo de detalles y tensión que ya quisieran para sí muchos cineastas más experimentados. Sólo esta secuencia ya es suficiente para captar la atención del espectador y obligarlo por cojones a tragarse el resto de la cinta venga lo que venga. El problema es que tras esta escena, todo el desarrollo de la trama (la Muerte misma decida vengarse de los que han alterado su plan matándolos en lo que parecen elaborados accidentes) se torna demasiado repetitivo y predecible, aunque resulta por lo menos una idea curiosa a nivel de concepto y una muestra de la explotación llevada a sus componentes más básicos: si los slashers juveniles se han caracterizado por depender principalmente de la masacre progresiva de su joven elenco, Destino final toma esa misma idea y la "deshumaniza" dándonos (al menos en apariencia) un asesino sin personalidad, una película en la que los adolescentes simplemente mueren para el disfrute del público, sin necesidad de motivaciones ni argumentos de ningún tipo.

Este concepto está elaborado, por desgracia, sólo a medias: la película hace trampa en numerosas ocasiones al dotar a la Muerte de una voluntad explícita, representándola como una sombra siniestra que incluso es capaz de borrar tras de sí las huellas de su acción. Este es un error que, por fortuna, las secuelas corregirían, pero en esta primera película resulta risible y hasta ridículo, sobre todo aquellas escenas en las que el protagonista "insulta" a la Muerte como si fuera realmente una persona. Y ese es sólo uno de los despropósitos de un guión perezoso e idiota con el que los actores (la gran mayoría de ellos sacados de exitosas teleseries juveniles) hacen lo que pueden. Aparte de la personalidad del supuesto asesino, se ve que la película únicamente ha intentado dar un marco de diálogos a sus elaboradas escenas de muertes, a menudo insertando una tensión entre los personajes completamente irreal e inexplicable con la única intención de introducir conflicto. Mención especial merece la absolutamente arbitraria presencia de Tony Todd en un personaje siniestro que aparece de repente y al que los protagonistas obedecen únicamente para que la trama no se detenga. Además, la naturaleza de las muertes tampoco es del todo original: muchos parecen olvidar que así la palmaban casi todos los personajes de La profecía (1976).

Ahora que la cuarta parte está por estrenarse en cines (en 3-D, no más) no está de más revisar los inicios de esta saga. Juro que le he dado más de una oportunidad, pero siempre me llevo la misma impresión: Destino final es un espectáculo ameno en ocasiones pero tremendamente vacío y descerebrado, sin duda mejor y más disfrutable que muchas de las peripecias juveniles de su época, pero eso, por desgracia, no es suficiente.

publicado por Hombre Lobo el 16 septiembre, 2009

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