“The Fly” (1958) es otra pesadilla inducida por la división del átomo y una de las tramas más recordadas de la Ciencia Ficción.

★★★★☆ Muy Buena

La mosca

La trama de “La Mosca” es quizá la más recordada de todo el género de Ciencia Ficción. En 1986, David Cronenberg hizo su versión de “The Fly” (1958) y causó tal impacto que si algún día inventan la tele transportación, de hecho nadie olvidará rociar con insecticida las cabinas antes de cada viaje. ¿Cómo una proeza como la desintegración de la materia terminó arruinada por una vulgar mosca doméstica? Otro argumento surgido del candoroso pesimismo de la Ciencia Ficción de los 50´s. La tecnología humana se había vuelto demasiado peligrosa como para estar en poder de humanos.

“The Fly” (1958) es otra pesadilla inducida por la división del átomo. El miedo que implantó la mortandad del arma nuclear hizo fácil imaginar que aquel invento maligno también podía ser capaz de resucitar bestias prehistóricas o mutar en monstruo al hombre. Al mismo tiempo, "The Fly" refleja la fascinación por el descubrimiento del ADN, cuyo estudio despegó por aquella época. La figura del mutante, la mezcla de genes de diferentes especies, obtenía de esta forma "credibilidad científica" y alentaba la preocupación por una tecnología fuera de control. Tan difusa era la frontera entre la fantasía y lo científicamente posible para el público masivo que, a manera de truco publicitario, un viejo afiche de "The Fly" ofrece "£100 to the first person who can prove it can´t happen!" (£100 al primero que pueda probar que esto no puede pasar).
Tarántulas colosales, mantis que trepan obeliscos, mujeres avispas, etc, muchas películas “alertaron” del peligro. Utilizaban como carnada monstruos artesanales que venían envueltos en cuentos de variable eficacia. “The Fly” es uno de los más logrados, un relato que nos recuerda a Poe en su construcción y manejo del suspenso. La película arranca cuando los hechos ya alcanzaron un final trágico: la cabeza del profesor Andre Delambre ha sido aplastada por una prensa y su esposa, Helen, afirma ser la responsable. Su cuñado, Francois, le pide explicaciones pero Helen sólo responde que lo hizo a pedido de la víctima. El misterio se va despejando lentamente ante quienes todavía la consideran una trastornada.

El profesor Andre Delambre ha logrado, por su cuenta, desintegrar materia, transmitirla y reordenar los átomos en otra parte. Sueña con dotar a la humanidad de un medio de transporte que acabe con la distancia. Las primeras pruebas fallan: un plato es tele transportado pero en el fondo se lee “NAPAJ NI EDAM” y ya no “MADE IN JAPAN”; y los átomos de un gato maúllan sin lograr reintegrarse. Al fin tiene éxito con un roedor pero, para su desgracia, no es capaz de contener las ganas de experimentar con su propio cuerpo. Durante su tele transportación una mosca se infiltra en la cabina y como resultado Delambre intercambiará su cabeza y un brazo con las del insecto.

En cierto modo el verdadero protagonista no es el científico mutante sino su esposa. “The Fly” nos dice mucho sobre la relación conyugal arquetípica de los 50´s. La mujer es un ciudadano sin poder, su dominio es la casa y su entendimiento de lo trascendente es limitado. Mientras que el hombre es portador de libertad e inteligencia tales que lo hacen capaz de modificar el rumbo de la naturaleza. Delambre fabrica máquinas extraordinarios desde el garaje de su casa y se las muestra a su esposa maravillada. Trabaja en solitario y su obstinación lo aleja de su pequeña vida familiar. Pero irónicamente será una intromisión de lo doméstico, algo insignificante, es decir una mosca, lo que vendría a castigar a este hombre razonador que intentaba superar a Dios. Ocurrida la desgracia, la única posible pero remota salvación dependerá de la esposa. Helen se dará a la imposible tarea de capturar a una mosca específica, una “de cabeza blanca”, que se fue con las partes de su marido dejando en lugar las suyas. Abnegada pero obediente a la orden de mantener todo en secreto, la mujer tiene que ocuparse hasta de aplastarle la cabeza de insecto cuando Delambre siente que ya no puede pensar como gente.

“The Fly” provocó de inmediato un gran impacto en el público. Tuvo una secuela aprovechada, “The Return of the Fly”(1959), y mucho tiempo después un replanteamiento en manos de Cronenberg, la inolvidable “La Mosca” (1986). El tema en esta nueva versión era el proceso agónico de una metamorfosis de hombre a insecto. Esta tremenda metáfora de la enfermedad también conllevó una secuela perdida en la medianía. Vale señalar que ambas versiones coinciden que en el centro del argumento hay una relación de pareja frente a un momento límite. Esta tensión entre los dos protagonistas ha sido recientemente reelaborada para la opera “The Fly”, dirigida por Cronenberg y escrita por Howard Shore, quien compuso la banda sonora del film de 1986.

A diferencia de la versión de Cronenberg, mucho más enfocada en el despliegue visual, “The Fly” original capitaliza dramáticamente las escasas apariciones del “monstruo”. Curiosamente no fue el hombre/mosca la figura más recordada del film, sino el actor Vincent Price, en el rol secundario de Francois, el hermano de Delambre, quien se entera de la verdad. Price inició con esta película su conversión en actor icónico del género de horror. Transitó por casas embrujadas, museos de cera, laboratorios malévolos, sanatorios y cementerios. Un actor inagotable que se mantuvo largo tiempo haciendo películas, incluso cuando el cine ya comenzaba a homenajearlo. Como sucedió en “Edward Scissorhands” (1990), de su admirador Tim Burton, película en la que hizo su última aparición. Sólo su voz bastaba allí donde era necesario crear un clima de miedo. Hasta los metaleros de Iron Maiden lo invocaron para hablar del Anticristo en “The Number of the Beast”.

Lo peor:

publicado por Andrés Mego el 19 julio, 2008
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