“”Memories within Miss Aggie”” es como si Bergman y Hitchcock hubieran ido a tomarse unos tragos y ya borrachos decidieran filmar una porno juntos.

★★★★☆ Muy Buena

Memories within Miss Aggie

Antes de Internet, antes del video, cuando el porno era cosa de barrios rojos, cines lleno de humo de cigarrillos y prostitutas a la salida, se estrenó la película "Deep Throat" (1970) en Estados Unidos. "Garganta profunda" era una película barata y mal hecha pero todos supieron que era un diamante en bruto. Registraba un acto insólito para las pantallas: la felación absoluta, un pene totalmente capturado por la boca de una mujer. La "hazaña" estaba enmarcada en una historia tonta y graciosa, con un título pegajoso. Los gringos se alocaron, el porno pasó al frente: espectadores, periodistas, sacerdotes y jueces no hacían más que preguntarse: ¿Ya viste "Garganta profunda"?

La historia es larga. La película fue perseguida y aclamada por igual. Unos la utilizaron como evidencia de que era necesario recrudecer la censura. Otros entendieron que el porno podía llegar al gran público y ser muy rentable comercialmente. Mientras que su director, Gerard Damiano, soñaba en un cine porno con ambiciones artísticas, aceptado como parte de la cultura, y capaz de lograr buenas erecciones en la platea.

Los demás tuvieron razón y Damiano se equivocó por ambicioso. La industria pornográfica pronto descubrió "lo que le gusta a la gente" y se dejaron de huevadas. Cuando aparecieron las videocámaras, y luego Internet, era claro que para saciar necesidades voyeuristas no era indispensable una cosa llamada "guión". Sí, pués, todos nos ahorramos tiempo, pero se empobreció un género cinematográfico.

Pero lo que les he contado es el final de la historia. En los años que siguieron a "Garganta Profunda", Damiano realizó uno de sus mejores intentos de "porno culto", "Memories within Miss Aggie" (1974), que al menos devino en "porno de culto" para algunos.

"Memories within Miss Aggie" es como si Bergman y Hitchcock hubieran ido a tomarse unos tragos y ya borrachos decidieran hacer una porno juntos. Damiano utiliza con ingenio las angustias existenciales del sueco y el truco del dato oculto del inglés, y el resultado es notable para un género donde la exposición de apareamientos humanos es lo principal.

La cinta se inicia de una manera que los espectadores del cine Colmena no tolerarían sin pedir que les devuelvan la plata. La vieja Aggie, vestida de negro, atravieza una colina nevada. En su casa, antigua y oscura, su marido, sentado en un sillón, escucha sus nostálgicos lamentos. Ella recuerda la primera vez que conoció a un hombre en ese desolado lugar. Aggie ha vivido bajo la más dura represión sexual, su madre la mantenía lejos de toda interacción con los hombres, hasta que un día se cruzó con un buen ejemplar en el camino. La tímida adolescente sigue de largo pero el extraño la llama. Cuando ya han entrado en confianza, Aggie le manifiesta un deseo. Sin apresuramientos llegamos al primer momento caliente del metraje. Filmado con sutileza, pero sin prescindir de uno que otro close up, el acto busca transmitir su tranquila emoción al descubrir el sexo.

Pero, no, la realidad es otra. El hombre del sillón le recuerda a la señorita Aggie que eso nunca ocurrió, es una de sus fantasías frustadas. Consciente de ello, ahora sus evocaciones están motivadas por la angustia. Las escenas de sexo son los delirios de una mente reprimida. La masturbación, el sexo oral, anal, la fantasía de ser una prostituta, todo momento sexual de la película tiene una carga tenebrosa.

Después de la cómica "Garganta Profunda", Damiano optó por hacer películas bastante dramáticas. Había hecho otra brillante cinta antes, "El Diablo en la Señora Jones" (1972), también sobre las represiones femeninas pero con un toque más surrealista. Antes de dedicarse al porno, Damiano fue peluquero y, según cuenta, descubrió que dentro de las cabezas de sus clientas existía una gran insatisfacción sexual. Y este fue un tema clave de inspiración a la hora de rodar películas, que al final luego eran vistas por hombres. Por esto, y siendo el mismo director un hombre, su enfoque del sexo es netamente masculino. Vigorosas felaciones y velludos coitos son secuencias obligatorias pero no abundantes. Y, desde luego, las mujeres deliran de entusiasmo. Mucho más que sus parejas, al fin y al cabo, estos sólo aportan un inexpresivo pene.

Definitivamente "Memories within Miss Aggie" no es una película que los grandes directores que la inspiraron estarían orgullosos de firmar, pero es una obra original e inteligente, salida del porno, el patio trasero del cine.

Advertencia en este párrafo se cuenta el final: El destino de Miss Aggie no podía ser más desdichado y perverso. Cuando al fin conoce a un hombre extraviado, a quién acepta alojar en su casa, Aggie cree que su soledad será aliviada. Pero él no tiene otro interés que un plato de comida y un lugar donde pasar la noche. En vano Aggie intenta convencerlo de que se quede. Él la rechaza y comienza a notar que está loca. Mientras duerme, Aggie decide hacer un homenaje a "El perro andaluz" de Buñuel y le clava un cuchillo en un ojo. En una clara alusión a la obra maestra de Hitchcock, "Psicosis", descubrimos que el cadaver momificado de este hombre es el misterioso interlocutor de la protagonista.

publicado por Andrés Mego el 19 julio, 2008

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