El desmesurado Lucio Fulci inició su fama robando el título de una película exitosa y embaucando al publico con una falsa secuela, “Zombi 2” (1979). Pero nadie reclamó devolución de la entrada.

★★★☆☆ Buena

Zombi 2

¿Qué puede ser más horrible que perder los ojos en el cine? Hordas de amantes del cine clamaron: “dale a mis ojos, repulsión.¡Hazlos explotar!” Un director bañó de sangre sus globos oculares y se convirtieron en sus adoradores. El desmesurado Lucio Fulci inició su fama robando el título de una película exitosa y embaucando al publico con una falsa secuela, “Zombi 2” (1979). Pero nadie reclamó devolución de la entrada.

Lucio Fulci era un director italiano, cansado de las comedias y golpeado por la vida, que decidió explorar su vena más sádica y con ello ganar el dinero que sea posible. Dio señales de alarma con su primer spagueti western, “Le colt cantarono la morte e fu: Tempo Di Massacro” (Tiempo de masacre, 1966) donde las balas no impedían que la muerte fuese un asunto gráficamente detallado. Su imaginario de acuchillamientos, violaciones y mutilaciones se encontró más a gusto con el giallo, para el que realizó obras que excedían lo usual en este subgénero italiano de horror, como: “Non si Sevizia a un Paperino” (No torturen al patito, 1972). En 1979, en vista del enorme éxito de “Dawn of the dead” (1978), conocida en Italia como “Zombi”, productores del explotation italiano decidieron utilizar el título para promocionar su propia película de zombies. Pero con Fulci a la cabeza, en lugar de caer en el descarado remedo, “Zombi 2” resultó ser, a mérito propio, otra obra cumbre del gore. A principios de los ochentas, Lucio Fulci reuniría gran cantidad de admiradores con películas como “Paura nella Citta dei Morti Viventi” (Pánico en la ciudad de los muertos vivientes, 1980) o “L’Aldila” (El más allá, 1981) que convencerían a la platea que el ser humano no es más que carne, tripas y sangre. Apasionados opositores tampoco se harían esperar. Escandalizados por sus delirios cinematográficos, un sector de la sociedad compararía el cine de Fulci con un basurero de repugnancias. En los siguientes años, el director llevará una carrera errática con aislados éxitos entre varias producciones negligentes, pero cada cual más lejos en la búsqueda de mayor crueldad visual. Su obsesión con lo sórdido quizá se deba a una vida de amarguras: el suicidio de su primera esposa, aprietos económicos y salud siempre precaria. Aunque pensándolo bien, tampoco son sufrimientos de otro mundo. Más de una vez, Fulci confesaría que mucha sangre se derramó con el único fin de cobrar un cheque. En 1996, Lucio Fulci murió al olvidar inyectarse su dosis de insulina. Suicidio, suponen algunos.

En lugar de imitar a quién supuestamente precede, “Dawn of the dead”, el argumento de “Zombi 2” se inspira más en las primeras películas sobre el tema como “White Zombie” (1932) y “I Walked with a Zombie” (1943). Como en aquellas, la acción transcurre principalmente en una isla del Caribe, de preferencia Haití. Los hechizos vudú de los nativos serían la causa por la cual los muertos se reaniman con apetito caníbal. La ciencia del hombre blanco es incapaz de explicar este prodigio. Desgraciadamente, tampoco tendrían mucho tiempo para investigaciones, pues rápidamente los exploradores-científicos-aventureros terminarán mordisqueados por los zombies locales.

En “Zombi 2”, en la isla Matool, el Dr. Menard es un científico que vive obsesionado con explicar por qué los muertos resucitan y con ese pésimo ánimo. Todos los pacientes que fallecen en su pobre hospital deben recibir un tiro en el cráneo para asegurar su viaje sin retorno. Mientras tanto, en Nueva York, el velero del Dr. Menard navega abandonado cerca a la costa. En la inspección un agente muere violentamente y un zombie intenta introducirse ilegalmente. La hija del científico (interpretada por Tisa Farrow, la hermana de Mía, ¡es igualita!) y un periodista parten en busca del doctor. Aquí podemos relajarnos y olvidar la trama pues la pareja llega a Matool cuando la situación ya es inenarrable. La población de zombies se esmera en dar la bienvenida a los recién llegados. Gracias a mejores efectos especiales, los muertos de “Zombi 2” superan a los de “Dawn of the dead” en furia carnicera. Putrefactos, agusanados y emergiendo de la tierra, en “Zombi 2” tenemos muertos de antología, quizá entre los más terroríficos del cine. Aunque muchos de ellos, inevitable ajuste del presupuesto, son extras de cara blanca y pintura roja derramándose de sus bocas.

El cine de Fulci se interesa más por montar espectáculos sangrientos que por narrar historias. En “Zombi 2”, como en muchas de sus películas, las líneas de diálogo suelen ser simplemente instantes de respiro para el público, momentos en los que un desnudo gratuito nunca viene mal. La expectativa está en el grado de retorcimiento de la siguiente escena de muerte. Al servicio del morbo, Fulci hace uso agresivo de la cámara, con acercamientos veloces hacia el centro de repugnancia. “Zombi 2” tiene dos momentos muy recordados: el forcejeo entre un tiburón y un zombie en el fondo del mar (con una mujer nadando en topless cerca de ahí), con un brazo cercenado como saldo, y, más infame aún, la escena del ojo reventado. Horrible momento cumbre del cine de lo horrible.

Lo peor:

publicado por Andrés Mego el 21 julio, 2008

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