Paranoid Park es para mí una joya inmensamente lograda, un argumento destrozado por un ingenioso creador que se fija más en la forma que en el verdadero contenido, pese a tratarse de una clarísima reflexión sobre la adolescencia y todos sus ámbitos.

★★★★★ Excelente

Paranoid park

Paranoid Park, la última película de Gus Van Sant, es, a mi juicio, un cúmulo de sonidos e imágenes que claramente representan el interior de su protagonista, el joven e indeciso Alex. Todo, absolutamente todo, es un puzzle desordenado que ni siquiera lleva a una conclusión clara: situaciones comunes, diálogos espontáneos, skaters independientes. Aunque, pensándolo bien, también podría tratarse de un retrato fiel y realista de la vida de un adolescente que básicamente está superado por el miedo (véanse prácticamente todas las localizaciones, con sus tonos y sus sonidos, que reflejan los constantemente variables estados de ánimo de Alex). Después de la enormemente polémica Last Days, el cineasta indie, cuyo cine está considerado vacío y soberbio a partes iguales, vuelve con algo más que un simple recorrido por un "parque paranoia" donde residen jóvenes con criterio: una película excelentemente llevada a cabo.

Únicamente habiendo visto El indomable Will Hunting y Paranoid Park puedo juzgar que Gus Van Sant no es un director cualquiera, aunque esto es algo vox populi. Rechazando totalmente la narrativa y el lenguaje convencional (algo que cada vez debería expandirse más), el realizador norteamericano posee una visión distinta del cine, completamente única. Planos largos y sugerentes, pocos diálogos, imágenes insólitas, un argumento convencional convertido en un no-argumento… Podría tacharse de egoísta, raro y pedante, pero lo cierto es que esto es ver una sola parte: detrás del aparente vacío que algunos perciben, hay una voluntad de ruptura, un -como genialmente dice Peter Travers en su crítica para Rolling Stones- "bofetón al cine convencional de Hollywood". Diferente, hipnótico, conmovedor, inquietante, realista, crudo, bonito y desconcertante; aunque sobre todo, necesario. Paranoid Park no tiene pizca de trampa, no es una manipulación que pretenda atrapar al espectador más hipócrita: es un simple ejercicio del nuevo-cine, ese en el cual se prescinde de todo cliché que esté a la vista, que busca un lenguaje propio y diferente. Gus Van Sant es una personalidad envidiable (artísticamente hablando) que debería tenerse en cuenta, pero supongo que eso ya se habrá hecho en según qué ámbitos. Déjense de equivocaciones y de pensar, sin un claro y extenso motivo, que él y todos los otros que pretenden huir del tópico son o pedantes o vacíos. Puede que con dos planos insonorizados se cuente más que con trescientos planos repletos de mil voces en off. Y es que lo que cada vez aprecio más es la novedad, la personalidad y el puro ingenio para salir de algo tan rutinario y ya cansino como el cine que hoy en día percibimos. Con eso no quiero decir, y no se me entorpezcan, que no haya películas con historias y muchos diálogos que no valgan la pena. Es más, de tantas que hay, seguro que muchísimas de ellas son logradísimas. Cada cosa en su sitio, pero de todos modos, tendría que expandirse tal renovación y empezar a entender nuevos visionarios como auténticos modernistas e innovadores, y no como raros o pedantes.

Recapitulando: Paranoid Park es para mí una joya inmensamente lograda, un argumento destrozado por un ingenioso creador que se fija más en la forma que en el verdadero contenido, pese a tratarse de una clarísima reflexión sobre la adolescencia y todos sus ámbitos (por cierto, grandiosas todas las interpretaciones de los jóvenes). Un film que vale la pena disfrutar y que, como debería haber sido, dura exactamente una hora y veinte minutos. No hace falta más.

Lo mejor: Prácticamente todo.
Lo peor: La incomprensión del lenguaje Van Sant.
publicado por Ramón Balcells el 27 julio, 2008

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