Capaz de mantenernos enganchados a sus imágenes para descubrir, una vez finalizada la proyección, que el material del que está hecho este Batman y compañía es incluso inmune a la autodestrucción.

★★★★☆ Muy Buena

El caballero oscuro (The Dark Knight)

Inversamente proporcional a lo sombrío de su título, El caballero oscuro (The Dark Knight) arroja luz sobre lo que ni siquiera un gran blockbuster veraniego debería dejar de ser: no sólo un entretenimiento de primer orden sino también una obra que cuida tanto su puesta en escena más allá de los efectos visuales como el guión y los personajes.

En su afán de querer plasmar un superhéroe dentro de un contexto del mayor realismo y verosimilitud posible, a Christopher Nolan le ha salido lo que ya apuntaba en la muy notable Batman Begins, un thriller urbano con todas las de la ley, muy cercano al modelo de uno de los referentes de Nolan, el Michael Mann especialmente de Heat. Y que hace olvidarnos de los pastiches multicoloristas, a veces rayando en una peligrosa autoparodia o sin acabar de definir sus presuntos bosquejos de la mayoría de las adaptaciones de superhéroes.

En The Dark Knight secuencias de acción memorables, com la que inicial el film, se codean con las líneas de diálogos más ingeniosos oídas en una película de superhéroes o las estupendas interpretaciones sobre todo de el fallecido Heath Ledger, Gary Oldman, Eric Roberts o Aaron Eckhart, todo integridad y bondad, y la auténtica sorpresa partiendo a priori de su personaje unidimensional de fiscal Harvey Dent. Sin olvidar la ciudad de Gotham City (en realidad la muy gangsteril cinematográficamente Chicago), que toma protagonismo como cualquier película de género negro que se precie.

Y es que The Dark Knight se desprende de su etiqueta de “secuela” para cobrar autonomía y vida propia por encima del título que le precede. También logra eludir lo que podría haber sido fácilmente, un mausoleo en memoria de Heath Ledger como el Joker, encumbrado a los altares cinéfilos por la voluntad de la mitología popular.

Mientras que el Joker de Heath Ledger, un perro furioso convertido en un agente de la anarquía y el caos, no sólo tiene las mejores frases o escenas, por ejemplo, en la que da “clases magistrales” de como hacer desaparecer un bolígrafo (!) ante los ojos estupefactos del staff criminal de la ciudad. Además de un villano que sigue hurgando en el tema de los dos reversos de la moneda que ya propuso en su momento el Batman de Tim Burton, u otra de las mejores películas sobre superhérores, El protegido de Shyamalan.

Dejando al Bruce Wayne/Batman de Christian Bale concienciado que la suya es una figura esencial en la dualidad sobre el bien y el mal, la oscuridad y la luz, pero relegado a un segundo plano e incluso condenado, por su propia naturaleza de superguardián del orden, a suscitar con pasión tanto la admiración como el odio de sus conciudadanos de Gotham.

Y sea con evidentes ecos a James Bond, o veladas similitudes con la saga Saw en algunas de las secuencias de tensión, Christopher Nolan mejora al menos en algo lo que era el principal punto débil de Batman Begins: las escenas de acción, dignas entonces del Michael Bay más torpe.

Se le pueden achacar a The Dark Knight algunas resoluciones demasiado grandilocuentes y poco creíbles. O la poca fuerza del argumento para la radical transformación de Dos Caras. Pero son defectos menores en un conjunto de dos horas y veinte minutos de ritmo endiablado, de una gran set piece a otra, capaz de mantenernos sin respiro enganchados a sus imágenes para descubrir, una vez finalizada la proyección, que el material del que está hecho este Batman y compañía es incluso inmune a la autodestrucción, al tirar y usar, una vez concluida la función.

publicado por Carles el 17 agosto, 2008

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