Bendita sea esta divertida falta de respeto al rigor histórico.

★★★★★ Excelente

Malditos bastardos

Con sólo 5 películas (si contamos su doblete ninja en Kill Bill como una sola obra) Quentin Tarantino se ha convertido en todo un acontecimiento. En parte por culpa de los tacos y las pistolas torcidas. Y en parte por sus renovaciones formales en el lenguaje narrativo audiovisual. En su nuevo trabajo nos trae un poco de todo eso que es marca de la casa, lo cual, a pesar de no ser novedoso, sin duda reconforta. Tarantino is back.

Como bien reza el comienzo de la película "Érase una vez en la Francia ocupada por los nazis…" un grupo de irredentos e insurrectos judíos que bajo las órdenes del Teniente Aldo Raine toman brutales y rápidas represalias contra objetivos Nazis. En alguna otra parte de esa misma Francia, Shosanna Dreyfuss presencia la ejecución de su familia por parte del coronel nazi Hans Landa y sus hombres. Sin saberlo, esta pequeña chica judía, convertida en dueña y directora de un cine, y los Bastardos, como se conoce a los hombres de Raine, hurdirán al mismo tiempo una sangrienta venganza contra el Tercer Reich.

Lo primero que nos encontramos cuando nos enfretamos a los Bastardos es sin duda la incerteza de si estará a la altura de los trabajos anteriores del director. Es inevitable comparar. Pero es recomendable no hacerlo, a pesar de que un servidor no pueda parar de comparar. En esta película, Tarantino echa mano de sus clichés y se le van de las manos. Desde sus famosas conversaciones anodinas, que ya demostró en su anterior Death Proof que empezaban a no funcionarle; hasta esa música extradiegética que aquí no remata las escenas como si lo hacía, por ejemplo en el primer volumen de Kill Bill. Aún así, Tarantino se redime de su anterior trabajo de forma sobresaliente y firma uno de sus trabajos más arriesgados al sostener la acción en sus diálogos interminables, pero llenos de significado que moldean unos personajes y unas acciones hasta perfilarlos de manera absoluta.

En la realización en redundante destacar que Tarantino bebe de todo el cine clásico que se jacta de haber consumido en su adolescencia y tardoadolescencia, una clásica puesta en escena salpicada de arriesgadas propuestas de cine de acción y que reúne, en dos horas y media de metraje todo lo que cabe esperar de un tipo así: Desde un autohomenaje vagamente similar a Reservoir Dogs, hasta frenéticas conversaciones con personajes extraídos del spaguetti western más loco que ha podido salir de Italia. Tarantino sabe jugar bien sus cartas, y solo un maestro en su propio género puede reunir el talento para rizar el rizo y crear esa descomunal orgía de desconciertos que supone un atípico y sorprendente clímax final.

Y nada de esto sería posible sin un elenco de excepción cuyos créditos, debido a los recortes post-Cannes, han cambiado de nomenclatura varias veces. Brad Pitt encaja a la perfección en el papel del cazurro Aldo Raine, una especie de suicida de marcado acento y con aires de grandeza en pos de la venganza aliada, pero sin duda la sensación de este filme es Christoph Waltz, un veterano actor, desconocido para el gran público, que encarna al coronel Hans Landa y que se hace dueño y señor de la película desde el primer momento en que aparece en escena. Magistral. El antagonista perfecto contra estos inocentes libertarios con ansias de guerra.

Pero recordemos que, ante todo, Malditos Bastardos es un canto al cine, una oda al poder de la imagen en movimiento, pero también al recinto de proyección. Una aventura que dota a este entretenimiento, otrora digno de una barraca de feria, del poder suficiente como para cambiar el curso de la historia tal y como la conocemos. El poder de acabar una guerra. Bendita sea esa divertida falta de respeto al rigor histórico. Podréis disfrutar del regreso de Tarantino a la gran pantalla este viernes día 18 de Septiembre.

Lo mejor: Christoph Waltz.
Lo peor: El ritmo de algunos pasajes.
publicado por Pablo López el 16 septiembre, 2009

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