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Del Toro nunca deja de descuidar la credibilidad de su danza de criaturas y da por sentada la digestión automática de su visión, en una suerte de vale todo que oscila entre la ingenuidad y el capricho, que se antoja un pelín autocomplaciente al no as

★★★☆☆ Buena

Hellboy II: El Ejército Dorado

La segunda adaptación al cine de el famoso comic de Mike Mignola Hellboy sigue al milímetro la estela impresa en la primera entrega para ajustarse al manual de las segundas partes del cine de superhéroes más reciente. Más presupuesto, más acción, más espectáculo…por el mismo precio de una entrada de cine. Sin entrar a considerar los méritos o carencias del primer Hellboy, su siguiente capítulo es esclavo de las decisiones tomadas por su director al materializar el barroco universo de Mignola en fotogramas en su primer viaje. Así, el visionado de El ejército dorado no depara ninguna sorpresa de calado y sigue siendo otra muestra de la irregularidad de Guillermo del Toro cuando afronta una superproducción fantástica.


El Del Toro Autor, suponemos, se va discerniendo en Hollywood película a película en un muestrario de elecciones estéticas más o menos personalizadas. No es difícil darse cuenta de los gustos y caprichos del director a lo largo de su filmografía cuando hay una repetición constante de diseños de producción y atrezzo en cada una de sus trabajos para los grandes estudios (espejos distorsionados de sus mucho más valiosas pequeñas joyas en castellano). Pero más allá de su adicción al cartón piedra y su inconveniente y despersonalizada fotografía se deja entrever una imaginación fabulosa, con un gusto especialmente sensible para la creación de seres monstruosos y una tendencia a la fantasía sin complejos sólo comparable a la de un niño que cuenta historias imposibles que a él no le cuesta creer. Quizás el problema de su cine es que siempre camina por una delgada línea donde el espectador nunca acaba de encontrar el lugar preciso donde debe situarse. Esto es, Del Toro nunca deja de descuidar la credibilidad de su danza de criaturas y da por sentada la digestión automática de su visión, en una suerte de vale todo que oscila entre la ingenuidad y el capricho, que se antoja un pelín autocomplaciente al no asimilar la volubilidad de su narrativa.



En Hellboy 2 la línea argumental toma distancias frente a las páginas impresas y opta por intercalar un drama que apela a la épica del Señor de Los Anillos(¿un detalle premonitorio de su elección como director de El Hobbit?)y que le sirve de McGuffin para desgranar todo el imaginario fantástico que le quedó en la recámara tras realizar El laberinto del Fauno. Lo cierto es que en su mayoría, casi todas las creaciones que aparecen en catálogo son deliciosas (siempre es de agradecer la presencia de un primord…digo elemental) y hacen de la cinta un festín para el aficionado, pero por el contrario los personajes de peso no son tan interesantes como el director pretende y si bien ya conocíamos a el anfibio Abe Sapiens o la flamígera (y ahora protoemo) Liz, sus motivaciones nunca llegan a epatar y parte del peso dramático de las principales bisagras de la trama carecen de un interés cercano a lo funcional. El villano de la función y su ejército tampoco son más que una excusa para mover la historia hacia adelante y es por ello que su clímax no posea más importancia que la de terminar de una forma pomposa lo que el espectador ya iba vaticinando. Otra conclusión tibia, tan poco estimulante como la de su Blade 2, que muestra sus carencias como guionista y que nos permite preguntarnos por que no se explota más a fondo la dualidad del destino final de Hellboy, aquí de nuevo solo apuntada levemente en pos de un facilón conflicto conyugal falto de garra y resuelto sin problemas dada su inane trascendencia para el espectador.



Con todo, el personaje de Hellboy sigue funcionando y no por los forzados intentos de humanizar a los personajes que se perpetran sobre el papel, sino al carisma de un Ron Perlman más a gusto con su rol de macarra de buen corazón que lleva muy bien el peso de todo el largometraje, siendo éste alarmantemente aburrido cuando se le permite algo de cancha a otros personajes. El ejercito dorado corrige algún defecto de la primera entrega y resulta mucho más entretenida, pero nunca llega a dejar una huella palpable en la memoria al no atreverse a romper esos esquemas autoimpuestos que impiden a Guillermo del Toro mostrase como algo más que la eterna promesa del fantástico que empieza a dar algún signo de temprano marchitamiento
Lo mejor: El catalogo de Criaturas y El personaje de Hellboy.
Lo peor: La sensación de deja vu y el escaso interés de los demás protagonistas.
publicado por Jorge Casanueva el 10 septiembre, 2008

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