Inquieta, descargas adrenalina, ríes, te emocionas…Celda 211 lo tiene todo. Es el ejemplo perfecto de lo que necesita el cine español para crear industria sin dejar la calidad de lado. Luis Tosar, sobrenatural.

★★★★☆ Muy Buena

Celda 211

Esto del cine español es lo que tiene. Pueden estrenarse cien películas a lo largo del año, y la mayoría no interesarte o, de hacerlo, terminar decepcionándote. Pero, de vez en cuando, hay dos o tres películas que no solo no decepcionan, sino que se convierten en lo mejor del año. Celda 211 es una de esas sorpresas. Lo cierto es que ya se esperaban cosas buenas de ella. Su paso por varios festivales había despertado opiniones muy positivas, y el interés de Estados Unidos por realizar un remake, incluso antes de que ésta se estrenase, apuntaba que algo potente estaba por llegar a las salas. Su director, Daniel Monzón, antiguo critico de cine, ya había dado muestras de saber como hacer un cine “de industria” en nuestro país. Ahí están El corazón del guerrero o El robo más grande jamás contado. No obstante, dichos intentos loables y no faltos de entretenimiento estaban lejos de ser películas redondas dentro de sus amplias pretensiones. Son esas mismas pretensiones con las que ha encarado Celda 211, con la diferencia de que, esta vez, las ha cubierto al máximo. Ha conseguido otro ejemplo, como El orfanato o Rec, de lo que necesita el cine español para salir de la mediocridad victimista frente a Estados Unidos. Cine de calidad, sobrado de talento y a la vez comercial e incluso, me atrevo a decir, generacional. En esto ultimo tiene mucho que ver la interpretación de un grandísimo Luis Tosar, que engulle el personaje de Mala madre hasta hacerlo icónico.

La notable dirección de Monzón se apoya en un guión magnifico, en el que no falta de nada. Inquieta, hace descargar adrenalina, emociona, hace reír, estremece. Durante dos horas, que pasan volando, nos presenta un dinámico ejercicio de recopilación de datos carcelarios, realista sin prescindir de necesarios elementos cinematográficos. Las interpretaciones, todas, van de lo más que correcto a lo sobresaliente. Vale que Luis Tosar llena la pantalla cada vez que aparece, pero no hay que quitar merito al entregado trabajo del novel Alberto Ammann, Antonio Resines o Carlos Bardem, entre muchos otros. Uno de los principales aciertos es lo directa al grano que va la historia, sin prescindir de acercarnos a los personajes. A los pocos minutos nos envuelven en el ambiente carcelario, y poco después estalla el motín. No hay salida, pero tampoco la buscamos. Pese a que el ambiente de tragedia se va mascando hacia el final, durante el desarrollo consiguen crear personajes Tarantinianos (carismáticos, que consiguen nuestra complicidad, aunque no dejen de ser criminales), situaciones y diálogos divertidos, casi una buddy movie perfecta. Todo bien ejecutado en un thriller llamado a ser referente del nuevo cine español.

publicado por Carlos Cubo el 11 noviembre, 2009

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