muchocine opiniones de cinedesde 2005

El guión huele a esas obras de antes plagadas de diálogos ingeniosos, respuestas agudas, humor negro y discursos encendidos, algo muy difícil de ver hoy en día.

★★★★★ Excelente

Testigo de cargo

De vez en cuando, sin saber muy bien cómo, me meto en el berenjenal de ir a parar a conversaciones sobre cine donde me encuentro con gente que realmente domina del tema. Entonces es cuando algún conocido suelta el inoportuno “pero si Heitor es un cinéfilo”. Craso error, pues si se me tira de la lengua, acabo soltando perlas como que aún no he visto ninguna película de la trilogía de “El padrino” o que, por las películas que he visto de Billy Wilder, el director no me acaba de convencer. Es entonces cuando el interlocutor me mira con cara asustada y retrocede levemente como si le pudiera contagiar alguna enfermedad tropical.

En efecto, “Irma la dulce” y “El apartamento”, dos de las películas más aclamadas de Wilder, no me dicen casi nada – aquí es cuando el 80% de posibles lectores cierra la ventanita del navegador – y “Bésame tonto” era la obra que más me había gustado de él, sin llegar a emocionarme.

Pues bien, algo ha cambiado en el discurso que puedo ofrecer la próxima vez que me junte con un listillo del cine. He visto “Testigo de cargo”, peli de juicios del director, magistralmente interpretada por un enorme – en todos los sentidos – Charles Laughton (“La noche del cazador”), la fatal – de mujer fatal, no de mala, entendedme – Marlene Dietrich (“El expreso de Shangai”), la pizpireta y graciosa Elsa Lanchester (“La novia de Frankenstein”) y el correcto Tyrone Power (“Chicago”) y me ha encantado.

La película está basada en una obra homónima de Agatha Christie, donde todo comienza cuando Leonard Vole acude al despacho del genial abogado Sir Wilfrid Robarts, que acaba de regresar del hospital después de un achaque cardiaco, siendo sospechoso del asesinato de una viuda rica. A pesar de que los médicos han prohibido determinantemente al abogado el hacerse cargo de casos estresantes y de los intentos de su enfermera por hacerle llevar una vida tranquila y tremendamente aburrida, no puede evitar ponerse al frente de la defensa de Vole.

El guión huele a esas obras de antes plagadas de diálogos ingeniosos, respuestas agudas, humor negro y discursos encendidos, algo muy difícil de ver hoy en día en los cines entre tanto temblequeo de cámara y efecto digital – que no es que no me gusten, pero un poquito de variedad, si puede ser. Escuchar las contestaciones que dispara el viejo y sarcástico abogado contra todo el que le rodea es un absoluto placer para la inteligencia y los sentidos. La trama está tan bien construida que cada pieza del puzzle aparece ingeniosamente ensamblada y mostrada llevándonos por entre los vericuetos del juicio con los ojos bien abiertos.

En definitiva, con sus escasos escenarios, potentes diálogos y trama condensada en el tiempo, lo podemos ver como una obra de teatro filmada, pero vaya obra amigos. La filmación no tiene nada de espectacular, pero donde de verdad se nota la mano de Wilder es en el texto de los actores y en la brillante dirección de los mismos.

Si tenéis alguno de esos amigos que son incapaces de ver cine en blanco y negro porque les da alergia, o si vosotros mismos pertenecéis a esta especie, no lo dudéis. Dad una oportunidad a los grises y sentaos delante del televisor intentando dejar los prejuicios debajo de los cojines. Saldréis encantados con brillante actuación de Charles Laughton dando alas a la personalidad cascarrabias e irónica de Sir Wilfrid Robarts. A lo mejor hasta encontráis en él a algún pariente lejano del doctor House.

Lo mejor: Un Charles Laughton inconmensurable.
Lo peor: Que ya no se haga hoy en día este tipo de cine.
publicado por Heitor Pan el 3 noviembre, 2008

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