El largometraje de Anderson se hace tan largo como las varias jornadas de viaje que dura el trayecto del famoso ferrocarril.

★☆☆☆☆ Pésima

Transsiberian

Citar el tren Transiberiano es traerme a la memoria esa apañada producción de terror entre España y Reino Unido titulada Pánico en el Transiberiano que Eugenio Martín tuvo la suerte de dirigir en 1972 contando nada menos que con la presencia de Christopher Lee, Peter Cushing y Telly Savalas en el reparto,; además de unas jovencísimas Silvia Tortosa y Helga Liné (que no tardaría en convertirse en una de las musas del destape setentero).

Sí que pillaba a las dos estrellas de la Hammer, Cushing y Lee, en horas bajas (Peter Cushing acabada de perder además a su esposa), y el presupuesto fue paupérrimo, con lentillas rojas en los ojos de los actores y extras que quedaban poseídos y convertidos en una especie de zombis que ya por entonces  resultaban algo chapuceros. Pero lo recuerdo como un filme resultón, pese a sus muchas limitaciones.

El Transsiberian de Brad Anderson, uno de los directores-estrella de la productora Filmax en materia de intriga y terror, no sigue la ruta del horror sobrenatural o psicológico, sino el del horror por desgracia más cotidiano con embrollo de contrabando de drogas, intentos de violación, muertes accidentelas y policía corrupta. Y lejos de títulos clave del subgénero, como Alarma en el expreso (1938) y Extraños en un tren (1951), ambas cortesía de Hitchcock, o de Asesinato en el Orient Express (1974), de Sidney Lumet, el discurrir de los minutos del largometraje de Anderson se hace tan largo como las varias jornadas de viaje  que dura el trayecto del famoso ferrocarril.

Un matrimonio norteamericano, Roy (Woody Harrelson) y Jessie (Emily Mortimer), han finalizado su misión humanitaria en Pekín y se disponen a ir hasta Moscú. Durante el viaje deberán compartir camarote con otra pareja joven, la compuesta por un español, Carlos (Eduardo Noriega) y su acompañante también estadounidense Abby (Kate Mara). Como la situación del matrimonio protagonista parece pasar por un pequeño bache, Jessie no tardará en sentir cierta fascinación por el seductor Carlos, y al mismo tiempo curiosidad por Abby.

Antes, en la secuencia de apertura, se nos ha mostrado el caso de un narcotraficante que ha sido asesinado en su buque y al inspector ruso que investiga el caso, interpretado por Ben Kingsley, lo que nos  pone en sobreaviso que más adelante, en algun punto del recorrido, los destinos de los personajes se cruzarán de alguna manera relacionándose con el hecho.

Lo mejor es la descripción del ambiente y los pasajeros del Transiberiano, en una película esencialmente anodina, que no mala, que podría pasar perfectamente, y pese a las cuidadas tomas panorámicas en algun momento, por un telefilme de sobremesa. Nulidad en la tensión y un metraje excesivo para llegar a un final precipitado donde destaca (sin ser nada del otro mundo) la última escena.

Pero es que al prometedor director de Session 9 y la notable El maquinista (con un un esquelético Christian Bale) habría que pedirle más, mucho más que esta floja intriga y desfile de personajes donde al menos nos queda regocijarnos con la interpretación de una Emily Mortimer muy expresiva, como suele ser habitual en ella, los enigmáticos ojazos de Kate Mara ocultando secretos o temores, y un Ben Kingsley eficaz en su ambiguo rol.

publicado por Carles el 6 noviembre, 2008

Enviar comentario

muchocine 2005-2019 es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.