muchocine opiniones de cinedesde 2005

Cast a deadly spell se conforma como un digno crisol de recursos cinematográficos, un homenaje cariñoso y sincero a dos de los géneros más carismáticos del cine.

★★★☆☆ Buena

Hechizo letal

Si podéis imaginar Los mitos de Chtulhu escritos por Raymond Chandler, tendréis una idea aproximada de lo que es ver Cast a deadly spell, una película que convierte el terror cósmico en cosa de detectives. La trama contiene un gran número de clichés del cine negro, como el antihéroe atenazado por un oscuro pasado, la mujer fatal y el ex policía corrupto, pero también incluye a Chtulhu y su trouppe de Primigenios, a varios zombis, algún unicornio, una tenebrosa gárgola y… Ah, sí, los gremlins, no nos olvidemos de los gremlins.La historia empieza en Los Ángeles en el año 1948, una época en la que todo el mundo usa la magia y las artes oscuras. Bueno, no exactamente todo el mundo. Howard Phillip Lovecraft es un detective de la vieja escuela y no está dispuesto a transigir. Su total oposición a utilizar patas de conejo y varitas mágicas se convierte en una de las principales razones por las que un magnate le encarga un nuevo trabajo: recuperar un tratado sobre ciertos tipos de magia esotérica que le ha sido robado. Dicho libro tiene un nombre de pila que, si el sentido común no me falla, no les va a resultar del todo desconocido; se llama Necronomicón.

 

Lovecraft, Chtulhu, un club llamado Dunwich Room, el Necronomicón… La película ofrece un sin fin de guiños a los Chuthulutianos de pro. Un gesto que en ocasiones puede resultar acertado y en otras, algo más gratuito, pero que a la hora de la verdad no juega ni a favor ni en contra del filme, porque si uno sabe ver más allá del envoltorio pretendidamente bizarro de la cinta, se topará con una buena película, entretenida y mordaz. No abundan las ocasiones en que el humor y la serie B se unen con buenos resultados, pero este filme, a diferencia de otros como Zone Troopers, parece saber que el choque de géneros tan solo es la premisa del chiste y no la broma en sí.

 

Años antes de rodar un par de entregas de la saga Bond, Martin Campbell asumió la realización de este cruce entre el cine fantástico y El halcón maltés. Un telefilme donde Fred Ward (Remo, desarmado y peligroso, Temblores) interpreta al cínico detective de respuestas rápidas y afiladas, una jovencísima Julianne Moore (Boggie nights, El gran Lebowski) hace de seductora vampiresa, Clancy Brown (Los inmortales, Carnivàle) interpreta al gangster sin escrúpulos, y Raymond O’Connor, da vida a su hombre de confianza. Una serie de papeles que en su día ya interpretaron Humphrey Bogart, Rita Hayworth, Orson Welles y Peter Lorre, en otro tipo de producciones.

 

La película fue concebida para la televisión, así que no tiene un acabado visual demasiado vistoso y es probable que, teniendo en cuenta su temática, hubiese lucido más y mejor en blanco y negro. Algunos decorados dan el pego, otros no. Los efectos especiales son completamente artesanales, llenos de marionetas y muñequitos articulados, algo que imprime carácter a la cinta porque, ¿qué pasaría si fueran hechos por ordenador? Probablemente que parecería un Harry Potter de tercera y perdería gran parte de su encanto. Hay una escena en la que Lovecraft dice: “Mi camisa está raída y mis zapatos necesitan lustre, pero no tengo una hipoteca sobre mi alma.” Esta frase define a la perfección la aptitud del filme.

 

Ésta es una de esas películas en las que se fuma y se bebe mucho, y en la que todas las escenas empiezan o acaban con Lovecraft encendiéndose un cigarrillo. Algunos diálogos pueden resultar demasiado artificiosos, pero la mayoría están construidos con mucha chispa, lo que los convierte en uno de los platos fuertes del filme. Abundan las salidas del tipo “He oído salir cosas más inteligentes de unos pantalones de pana”, sumadas a diversas referencias a la magia y los monstruos en tono desenfadado.

 

Cast a deadly spell se conforma como un digno crisol de recursos cinematográficos, un homenaje cariñoso y sincero a dos de los géneros más carismáticos del cine. Un pastiche que funciona porque no se muestra cínico y alejado con su propio material, sino que se empapa de él sin renunciar al humor. Un filme modesto, en definitiva, que aún teniendo escenas algo desmañadas y momentos flojos, desprende mucha magia y honestidad. Una dosis muy recomendable de mitomanía y sentido del humor.Como éste es un mundo extraño, la película propició una improbable secuela, que aun teniendo en sus filas a nombres de peso como Paul Schrader y Dennis Hopper, no le llegó a ésta ni a la suela del zapato.

 

La frase: “Cuando empecé en esto me dije que haría unas cosas y otras no, algunos empiezan como yo y se venden por el camino, pero cuantos más caen, más sencillo resulta. Sí, todo el mundo transige, todo el mundo engaña, todo el mundo utiliza la magia. Vacían sus bolsillos de ideales y le cargan el mochuelo al vecino para no hacerlo a sí mismos. Así es como funciona, y yo a eso digo que no. Mi camisa está raída y mis zapatos necesitan lustre, pero no tengo una hipoteca sobre mi alma. Es mía, límpia y libre.”

Lo mejor: La genial premisa y su honestidad.
Lo peor: Algunos momentos algo flojos.
publicado por Cecil B. Demente el 7 diciembre, 2008

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