Algunas ideas interesantes, salvan medianamente una cinta que, aunque no consigue salir de la medianía, al menos colaboran para que esta no se hunda en el despropósito y el patetismo.

★★☆☆☆ Mediocre

Reflejos

Esta nueva película de terror protagonizada por Kiefer Sutherland asusta más de lo que uno imaginaría. Desde el sangriento prólogo que antecede a los títulos, empezamos a apreciar uno de los claros méritos del film, un mínimo mérito, que no debería llamar la atención. Reflejos consigue asustar en muchos momentos, y si nos llama la atención, es porque ese simple objetivo no se cumple en muchas películas de terror producidas en la actualidad. El terror aquí proviene de los espejos, un elemento siempre útil para determinadas ideas visuales. Si bien la película cuenta con bastante inventiva en ese sentido, como es de esperarse, los espejos acá están supeditados al mero efectismo de la puesta visual de Alexandre Aja, director con varias de terror en su haber. Lo que comienza como una manifestación inexplicable (los espejos que rodean a Ben comienzan a reflejar una realidad que no es tal, y a atacar desde el reflejo a quienes lo rodean), termina involucrando posesiones y demás fenómenos sobrenaturales. La paranoia que empieza a agobiar a Ben, lentamente se apodera de toda su familia, dejando algunas muertes en el camino. Kiefer Sutherland, en el papel del siempre desesperado Ben Carson, nos entrega una de sus personificaciones más patéticas. Si su resurrección actoral se dio como héroe de acción en la serie 24, no cuenta con la misma suerte a la hora de mostrar el pánico que le genera a su personaje el inquietante reflejo de los espejos. Sin embargo, pese a ser una película intrascendente hasta para su propio género, no todo está perdido. Algunas escenas espeluznantes, y otras terriblemente perturbadoras (como la rotura de mándibula en la tina), muestran cierta decencia y vigor por parte de esta película, en medio de una producción caracterizada por su reiteración y su esterilidad a la hora de meter miedo. Algunas ideas interesantes, como la sencilla y lograda secuencia de títulos, el ingenioso uso de la leyenda típica en el retrovisor, advirtiendo que “los objetos en el espejo están más cerca de lo que aparentan”, o la inteligente e inquietante escena final (aunque los diez minutos previos a esta escena estén totalmente de más), salvan medianamente una cinta que, aunque no consigue salir de la medianía, al menos colaboran para que esta no se hunda en el despropósito y el patetismo provocado por la pobre actuación de Sutherland y por un guión que tampoco hace mucho con el potente recurso de los espejos.
publicado por Leo A.Senderovsky el 29 diciembre, 2008

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