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La cinta transcurre entre una puerta que se abre y otra que se cierra. En ese tiempo no sólo los personajes principales experimentan un cambio fundamental sino que el propio género evoluciona para no volver a ser el mismo.

★★★★★ Excelente

Centauros del desierto

Adentrarse en el filme es apasionante, aunque escribir acerca de él se me antoja una ardua tarea. La dificultad estriba precisamente en la complejidad de esta obra maestra, de la que se ha escrito mucho y muy bien. Yo me voy a limitar a exponer unas pinceladas de lo que considero más importante, siempre con el objetivo de servir de guía al joven cinéfilo o al lector que aún – dichoso él- no la haya visto.

The Searchers es un prodigio de la narración con imágenes. En el arranque, a John Ford le bastan diez minutos para explicar lo que ha sido del tío Ethan (John Wayne, en el mejor papel de su vida) desde que abandonó a los suyos. Su capa de excombatiente de la guerra civil, una condecoración mexicana y otros detalles nos indican donde ha estado todo ese tiempo. Su carácter agrio y su aspecto cansado nos muestran a un hombre que ha debido pasar por experiencias muy duras y que regresa buscando la paz que sólo le puede dar la familia. Pero Ford profundiza aún más. Nos da pistas acerca de los sentimientos de Ethan y de los de Marta, su cuñada. Ambos se aman todavía, y el genial director lejos de decírnoslo de forma explícita nos los insinúa con miradas cómplices y gestos sutiles como el de Marta acariciando la capa de Ethan.

La matanza de la familia nos introduce en el eje central de la película: el de la búsqueda, por parte de Ethan y Martin (Jeffrey Hunter), de la hija pequeña de Marta (Natalie Wood) que ha sido raptada por los indios. A partir de aquí la cinta se transforma en un largometraje de itinerario, con Monument Valley como perfecto escenario. Las indagaciones acerca del paradero de la muchacha son parejas a la exploración interior de cada personaje. Ethan evoluciona desde su amargura, pero Martin también lo hace como aprendiz forzoso, pero aventajado de su tío. La secuencia de la boda, cuando el joven Jeffrey Hunter se pelea por su amada, mientras Wayne lo contempla sonriendo, confirma ese proceso de aprendizaje. Proceso que dura cuatro años y que Ford lo resume gracias a una perfecta elipsis.

Y es que el tratamiento del tiempo que aquí hace el realizador ha servido (y sirve) de ejemplo a muchos cineastas. La cinta transcurre entre una puerta que se abre y otra que se cierra. En ese tiempo no sólo los personajes principales experimentan un cambio fundamental sino que el propio género evoluciona para no volver a ser el mismo. El carácter crepuscular es evidente, el héroe, que representa Ethan Edwards es una especie en extinción y cierra tras de sí una puerta, la puerta de la aventura, de la guerra civil y la revolución mexicana; en definitiva la lucha por unos ideales y por una forma de vivir. Se aleja solo, con un andar cansino, hacia el último lance: el de morir.

Todo lo anterior le confiere a Centauros del desierto un sorprendente carácter de modernidad y la hace adelantarse en muchos años a otras películas contemporáneas, sin perder un ápice de su grandeza.
publicado por Ethan el 5 enero, 2009

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