Una vez concluído el filme de Luhrmann la sensación es que realmente lo que el viento se llevó es un enorme globo hinchado con demasiado aire y poco que contar.

★★☆☆☆ Mediocre

Australia

El australiano Buz Luhrmann sentó las bases de su cine con el apoteósico y barroco carrusel musical de Moulin Rouge. Y aunque a la hora de abordar esta épica en clave romántica exhibe constantes guiños a grandes clásicos del cine (sin ir más lejos, la primera imagen de un árbol nos remite ya a Lo que el viento se llevó), lo más estimulante de su cine, para lo bueno y para lo malo, continua siendo su personal puesta en escena.

Excesiva, desmesurada y grandilocuente, con nada disimulada inclinación hacia los primeros planos de sus protagonistas, colores saturados y lo artificial, sobre todo en los decorados y subrayando la condición de juguete fílmico, de divertimento, de su obra, donde incluso los villanos de la función son malvados de opereta. Baz Luhrmann introduce en Australia un avance respecto a la (excelente) Moulin Rouge, y es que sostiene más tiempo la mayoría de sus planos, permitiendo adentrarse más en la acción y la historia. En este caso, la de una puesta aristócrata inglesa, Lady Sarah Ashley (Nicole Kidman), y un rudo y varonil cowboy australiano, Drover (Hugh Jackman), que se completa con un niño aborigen, Nullah (Brandon Walters), que despertará los instintos maternales y protectores de una Lady Sarah impedida para ser madre;. Y los tres rodeados de una "familia" de lo más variopinta, de sirvientas negras, cocineros chinos o "tíos" (espléndido Ray Barrett como Bull) tan bonachones como borrachuzos.

Y una cámara que se divierte mostrando a un Hugh Jackman en todo su esplendor como macho man, y una Nicole Kidman, algo anulada por el botox y confiando su mayor expresividad en la mirada, sale bien parada  al inicio en sus momentos más divertidos, o incluso intentando cantar Over the Rainbow ante un expectante Nullah.

Aún valorando las dificultades que siempre tiene el llevar un guión original a la pantalla (en el caso de, por ejemplo, un libro, obra teatral, cómic, videojuego… ha sido testeado antes por público y crítica, y también se cuenta con una idea sobre las partes de su argumento que pueden funcionar o no), es precisamente el guión, basado en un argumento original de Luhrmann, el talón de aquiles de esta megaproducción. Funciona durante casi una hora y tres cuartos, pero se agota y alarga innecesariamente en su tramo final, en la ciudad de Darwin bajo la amenaza de los ataques de la aviación nipona durante la Segunda Guerra Mundial.

Mientras que la cuota de conscienciación y denuncia social en la que una superproducción como Australia no tampoco quiere pasar por alto (un homenaje también de su director y elenco artístico australiano a su país-continente), se cubre con la exposición de la problemática denominado "Generación robada". El drama que vivieron millares de niños negros y sobre todo mestizos que a los pocos años eran separados de sus padres para venderlos como sirvientes o trabajadores del campo (una práctica que se extendió hasta 1973). En la película de Luhrmann está representado por Nullah, un muchacho también dotado de ciertos poderes mágicos especiales, y recordando que un compatriota suyo, Phillip Noyce, rodó  sobre el tema en 2002 la notable película titulada precisamente Generación robada.

Y en este juego épico y romántico de inquietudes renovadoras que nos propone el director de Romeo + Julieta prevalece ese amor y homenaje por los clásicos. Un plano de Lady Sarah Ashley a las puertas del rancho Faraway Downs rememora al plano más célebre de Centauros del desierto, pero con un sentido y función muy distinta (reforzando la condición de héroe solitario, que no pertenece a un hogar, en el filme de John Ford, puramente estético en el de Luhrmann). El evidente elemento mágico y de unión de la canción Over the Rainbow de El mago de Oz, utilizado como uno de los principales recursos argumentales en Australia (así como algún acorde, nuevamente en la banda sonora, similar al del western Los 7 magníficos). O también evidentes paralelismos con Memorias de África, en algunos de sus encuadres, con Sarah y Drover en medio de la pradera, y especialmente en la misma evolución que sigue Sarah Ashley, al igual que la Karen Blixen que interpretó Meryl Streep, desde esa granja que heredan sea en África o en Australia, y un periplo vital que las conducirá a ambas a ser mujeres admiradas y admitidas incluso en los más cerrados círculos varoniles (un exclusivo club en la película de Pollack, un garito de mala muerte en el de Luhrmann).

Pero lo dicho, Australia, ante todo un western australiano, y pese a la enorme simpatía que puedan ejercer sus escenas a lo largo de la primera parte de su metraje, con acertadas caricaturas de personajes,  humor y drama rebosando por sus encuadres, con magníficas secuencias como la de la estampida (digital) o una llamativa fascinación  hacia la iluminación artificial, contraluces de fantasía, ese aire de fotonovela más kitsch y toda la pomposidad que desea desprender, termina revelando que, casi 70 años después, la famosa e inmortal plantación "Tara" sigue ganando la partida a la de Faraway Downs. Concluído el filme de Luhrmann la sensación es que  realmente lo que el viento se llevó es un enorme globo hinchado con demasiado aire y poco que contar.

publicado por Carles el 16 enero, 2009

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