Crepúsculo

Si no fuera porque el exótico Edward Cullen es un vampiro que decidió estar a dieta, esta podría ser una maravillosa historia sobre la lealtad. Dos contra el mundo, dirían los amantes de Planet Terror. Lo cierto es que nos perdemos de conocer esos hilos cósmicos e invisibles que pueden elevar a dos que se eligen por encima del resto y nos encontramos con el relato habitual que no pone en juego ninguna cuestión moral. Los adolescentes de hoy, parece, siguen siendo como los de ayer. Enamorarse de un asesino, aceptar su condición y enfrentarse a los demás y a uno mismo no es algo que íbamos a ver en esa sala. Lo sé, pero por un momento pensé que se trataba de eso y que la película era genial a pesar de sus lugares comunes y de su miserable estética videoclipera.

De todas formas es divertido poder ver en la pantalla esta tendencia de vampiros civilizados, arrojados a la luz y mezclados entre mortales. Son las características que nuestros amigos de Transilvania adquirieron en los últimos tiempos para poder situarse en otro lugar y seguir contándonos acerca de su mundo. Crepúsculo funciona gracias a este nuevo escenario y a los ojos de Bella Swan, por lo demás, a no desesperar, para eso tenemos Let the right one in.

Lo mejor: Bella
Lo peor: La estética de videoclip
publicado por Martín Stefanelli el 27 enero, 2009

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