Will Smith es el ángel de luz que derrama paz y felicidad por un mundo caótico, pero el caos lo lleva dentro y somete al paciente espectador a dos horas de melodrama condenatorio, poco creíble por tramas, que aturde la buena voluntad…

★★☆☆☆ Mediocre

Siete almas

Rosario Dawnson es una chica con un ala rota a la que un samaritano rescata del dolor. El oficio de la filantropía tiene estas cosas: va uno por la calle con el ojo avizor y da con el alma compungida a la que ofrecer tus servicios. No cuestan nada, no se preocupe. El ángel bueno de esta historia es en realidad un paria de la vida, uno de esos tipos a los que ya no le queda sangre ni afecto alguno por sí mismo y se conjura a cumplimentar una cruzada épica en la que se entrecruza el sacrificio, la bondad, el lirismo y también una brizna de masoquismo.Siete almas es Rosario Dawnson con su ala rota y Will Smith con su cara de perplejo a la caza de toda esa gente buena que hay por el mundo, pero Gabriele Muccino, su voluntarioso director, no tiene ni idea de cómo enganchar al espectador, que es el verdadero pasmado, el demiurgo envarado en las palabras grandes y nobles que se adivinan por debajo de la historia. Y lo que pasa es que no sabe conducirlas: aporta un número razonable de incógnitas que luego únicamente desvela en un último tramo, agitadamente, sin el tacto del que ha abusado en toda el desarrollo anterior, asfixiándonos (literalmente) en una trama de credibilidad difusa, que se arrastra por el melodrama y termina en un paroxismo narrativo (vayan preparando el kleenex) que ya se veía venir (no hay que ser lince ni pertenecer a la agencia Pinkerton) bien antes.Sobria y ñoña al tiempo, investida de una sensiblería del agrado de una parte del respetable público, justo del que no va al cine en exceso y disfruta con los telefilms que Antena 3 programa en la sobremesa, Siete almas reescribe en estos tiempos de zozobra moral la figura del samaritano y ofrece una revisión de la culpa o de la redención o del sacrificio, aunque la sobredosis de trascendentalidad aturde hasta el desmayo.
Lo mejor: Rosario Dawnson, su prometedor arranque
Lo peor: Su trama simple, absurda, no creíble...
publicado por Emilio Calvo de Mora el 1 febrero, 2009

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