Como ya indica su título, el film ofrece un retrato directo y certero sobre la duda, la culpabilidad y la delgada línea que separa la sospecha legítima de una paranoica caza de brujas McCarthiana

★★★☆☆ Buena

La duda

Si existiera un Oscar a la Mejor Dirección Novel (aunque sea casi imposible de creer, es quizás el único aspecto en el que la Academia española supera a la americana), este año sería para John Patrick Shanley, quien por cierto ya tiene en su haber una de las preciadas estatuillas (en 1988 ganó la de Mejor Guión Original por Hechizo de Luna), amén de un Premio Pulitzer.

La Duda (Doubt) es una de esas películas en la que la trama es casi una mera excusa para plantear al espectador temas profundos sobre los que reflexionar. Como ya indica su título, el film ofrece un retrato directo y certero sobre la duda, la culpabilidad y la delgada línea que separa la sospecha legítima de una paranoica caza de brujas McCarthiana. Y lo hace con el marco temporal y el paisaje de una época llena de cambios, un tiempo en el que la sociedad había comenzado a asumir una realidad dolorosa y a la vez repleta de esperanza en el futuro: que el sueño del que creían que se acababan de despertar de forma tan abrupta con el asesinato de John F. Kenneddy realmente seguía vigente y que el cambio era inexorable. Tiempos aún más convulsos para la Iglesia, y ahí es donde Shanley plantea todo el peso de la cinta, ese enfrentamiento latente entre lo arcaico y retrógrado frente a ese impulso renovador (interesante, aunque no lograda del todo la metáfora del viento huracanado acosando continuamente al personaje de Meryl Streep). A Shanley no obstante se le nota la falta de oficio, aún no domina el tempo cinematográfico (se entretiene y se regodea en los pequeños detalles mientras que algunas secuencias parecen algo cojas) ni el manejo de la cámara. Algunos tramos de la cinta, especialmente en su primer acto, pecan en exceso de académicos, resultando fríos y desangelados, y su ambiguo desenlace puede dejarte descolocado. Los actores, especialmente un contundente y rotundo Philip Seymour Hoffman, están muy bien, aunque a Meryl Streep se la ve muy forzada y ligeramente pasada de rosca. Soberbia fotografía de Roger Deakins y notables las pinceladas de la partitura de Howard Shore.

Lo mejor: Los actores, especialmente Philip Seymour Hoffman
Lo peor: A Shanley se le nota la inexperiencia
publicado por Francisco Bellón el 5 febrero, 2009

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