Un gran Clint Eastwood y una pobre película, algo tramposa, que te la ves venir de lejos.

★★★☆☆ Buena

Gran Torino

Viendo la portada queda bastante claro que Gran Torino solo puede ser o una escopeta o un coche. Pues, efectivamente, es un coche, y para más detalles es el que conducían la pareja protagonistas de Starsky y Hutch, en la popular serie. Además, es el coche que guarda celosamente en su garaje el protagonista de la película, Walt Kowalski, un tipo antipático, facha, racista y bebedor. Vamos, que si en algún momento de la peli el bueno de Walt se hubiera ido a putas, habría empezado a pensar que se trataba de un remake de Torrente, claro que, estando Clint Eastwood de por medio, la cosa tira más hacia Harry el sucio.

Walt Kowalski, un veterano de la guerra de Corea jubilado, vive totalmente aislado del resto del mundo. Su mujer acaba de fallecer, el contacto con su familia es mínimo y forzado, del cura de su parroquia no quiere saber nada (por mucho que el se empeñe) y, además, ha ido viendo como su barrio se iba llenando de inmigrantes orientales siendo su casa (bandera Americana en el porche incluida) el último reducto yankee de una época que ya empieza a quedar demasiado lejana en el tiempo. A pesar de todo, Walt, se niega a abandonar el sitio donde ha vivido toda su vida, por mucho que el barrio se esté llenando de pandilleros buscando camorra, ni siquiera cuando tenga que salir, rifle en mano, como los buenos tiempos, a defender su propiedad (bueno, y de paso a echar un cable a la familia de orientales que vive justamente en la casa de al lado de la suya).

Evidentemente tal acción acarrea consecuencias y, como es de bien nacido ser agradecido, sus vecinos mandan al benjamín de la familia para ayudar al solitario anciano en lo que necesite (permítanme pasar por alto las evidentes connotaciones sexuales del asunto). Supongo que a estas alturas sería estúpido por mi parte pensar que ustedes no habrán desvelado ya que, entre el huraño anciano y el joven oriental con cara de ser poco espabilado y bigote incipiente, se empezará a entablar una bonita amistad paterno-filial, algo que, sin duda, jamás se había hecho en la historia del cine.

Clint Eastwood es una institución monolítica dentro del séptimo arte, esto lo sabe hasta el más tonto de la sala de cine, y nos ha regalado momentos y películas impagables. Desde Sin perdón (1994) parece que ha empezado a vivir una tardía segunda juventud que, sorprendentemente ha entusiasmado a crítica y público (algo francamente complicado de lograr). No soy yo, precisamente, su mayor fan de esta última etapa suya (ni Mystic River ni Million dólar baby, llegaron a interesarme en exceso, más bien todo lo contrario… pueden vejarme públicamente si lo desean) y a pesar de todo siempre seré el primero en ensalzar sus virtudes, solo faltaría, con una fantástica dirección y unas interpretaciones cortadas por un patrón, claro está, que Clint sabe vestir como nadie. Y es que más sabe el diablo por viejo que por diablo. El problema lo encontrariamos, más bien, en las temáticas que suele escoger y las historias que se empeña en llevar a la gran pantalla.

Y es que uno ya hace tiempo que empieza a tener la sensación de que si, el bueno de Clint, un día decidiera rodar una nueva película con su mismísimo y huesudo culo, la gente seguiría rindiéndose a sus pies y gritando a los cuatro vientos la nueva gran obra magna del maestro. Porque estoy francamente sorprendido de las grandes críticas que ha recibido Gran Torino, donde mucha gente la deja de obra maestra para arriba. Y es que creo que es algo que se tiene que decir: Maestro, sí, pero Clint Eastwood no es el puto rey Midas, que todo lo que toca se convierte en oro.

Personalmente la película me tubo bastante entretenido durante sus primeros cuarenta y cinco minutos, con un personaje duro, sobreviviendo en un entorno hostil, a pesar de que ya te estás viendo venir como irán los acontecimientos desde horas, días e incluso meses antes de que sucedan. Lo que si que jamás te puedes llegar imaginar es la velocidad con la que llegan, con un punto de inflexión clarísimo, coincidiendo con una fiesta donde se invita a Walt (curioso como se pueden borrar varias décadas de odio hacia los asiáticos con un buen plato de comida oriental). Desde ese mismo momento la película se echa a perder y ya se puede dar por irrecuperable, convirtiéndose en una especie de negativo de Karate Kid, donde el caucásico es el maestro y el oriental es el aprendiz. Joder, ¡si incluso le limpia el puto coche! Solo le faltaba canturrear: poner cera, pulir cera. Aunque, si algo brilla con luz propia en la película, claro está, es el gran Clint Eastwood, con una gran dirección de las que nos suele tener acostumbrados recientemente y una interpretación que sobresale claramente del resto, aunque, todo sea dicho, con lo terriblemente malos que son el resto de actores de la cinta, incluso el feo de los hermanos Calatrava hubiera podido sobresalir con cierta facilidad.

Resumiendo: Un gran Clint Eastwood y una pobre película, algo tramposa, que te la ves venir de lejos.

 

Lo mejor: Eastwood director
Lo peor: Su segunda mitad
publicado por Jefe Dreyfus el 11 marzo, 2009

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