muchocine opiniones de cinedesde 2005

En definitiva, estamos ante una obra sumamente recomendable, con una notable nivel tanto interpretativo como formal y argumental, que debería satisfacer incluso a los menos aficionados al género de terror (y de vampiros en particular)

★★★★☆ Muy Buena

Déjame entrar

La relación entre los vampiros yel mundo cine es muy estrecha y prolífica. Desde la magistral Nosferatu, el Vampiro, de F.W. Murnau, una de las obras fundacionales del género de horror hasta las recientes y ligeras aproximaciones al mito desde una perspectiva juvenil/romántica, pasando por el legendario filme de la Universal donde Bela Lugosi interpretaba al conde transilvano y la adaptación (¿definitiva?) de la novela Drácula que rodó Francis F. Coppola acomienzos de los noventa. Sin embargo, esta película sueca dirigida por Tomas Alfredson (y guionizada por John Ajvide Lindqvist, responsable del libro original), aunque respeta varias de las características que Bram Stoker empleó para definir a su inmortal (nunca mejor dicho) personaje, ofrece algunos rasgos diferenciales.

Así, la acción transcurre en un barrio gris de la ciudad de Estocolmo. Allí vive Oskar, un muchacho inadaptado y aficionado a los sucesos violentos y escabrosos (no en vano, uno de sus pasatiempos favoritos es coleccionar recortes de prensa sobre tragedias y asesinatos). Una noche, mientras juega en un parque cercano a su casa, conoce a Eli, su nueva vecina. Sorprendido por que la joven no lleva ropa de abrigo pesea las bajas temperaturas, Oskar comienza a hablar con ella, a interrogarla para saciar una suerte de curiosidad infantil. Nace en ese momento una particular amistad que, en poco tiempo, transforma la existencia de ambos.

Se puede afirmar, a la vista de este argumento, que en Déjame entrar, si bien resulta relevante en algunos momentos específicos de la trama, el componente vampírico del argumento no deja de ser casi un atavío más con el que envolver una reflexión de cierta hondura acerca de la soledad, la marginación social y, especialmente, los complejos avatares de esa época confusa que es la adolescencia. Todo ello aderezado con una oportuna dosis de lirismo y melancolía.

En cuanto a la forma, cada secuencia está cuidadosamente estudiada. Cada escena tiene su porqué; cada plano, su razón de ser. Y en este juego de no permitir que nada quede al azar, elementos como la nieve o la sangre adquieren una importancia decisiva y catalizan una pregunta: ¿Quién es el auténtico monstruo, aquel que hace el mal por divertimento, o el que lo hace para sobrevivir? Esta cuestión asoma en muchos momentos y se convierte en leitmotiv de la historia.

Pero, sin duda, lo mejor del filme es la extraña complicidad que se establece entre la pareja protagonista. Lina Leandersson (Eli) y Kare Hedebrant (Oskar), apoyados en unos diálogos cargados de macabra ingenuidad, ofrecen varios momentos que perduran en la retina del espectador tiempo después del visionado del filme. Cabe destacar al respecto la escena en la que ambos comporten lecho (tras una de las secuencias más terroríficas) y el instante final de la acción, que plasma con una sencillez encomiable cómo superan ambos jóvenes las trabas que la naturaleza impone a su incipiente relación.

En definitiva, estamos ante una obra sumamente recomendable, con una notable nivel tanto interpretativo como formal y argumental, que debería satisfacer incluso a los menos aficionados al género de terror (y de vampiros en particular). Lo peor: que ya se anuncia un remake norteamericano de la historia. A juzgar por otros ejemplos recientes de adaptaciones "hollywoodienses" de éxitos europeos u orientales, no parece demasiado arriesgado aventurar que tal versión distará mucho en calidad de la película firmada por Alfredson.

publicado por Joaquín Torres el 6 abril, 2009

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