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Vals con Bashir

Aviso para lectores cinéfilos: no vamos a desentrañar el porqué de estas primeras palabras. Sólo vamos a decir que los conflictos bélicos recientes y sus consecuencias, no sólo físicas, dan mucho juego en el cine: desde la sinrazón y la ironía de la guerra contadas En tierra de nadie hasta las hiperrealistas miradas lanzadas desde Los gritos del silencio, Más allá de Rangún y Hotel Rwanda.

Con la misma aspereza, e incluso más, Ari Folman cuenta un hecho verídico después de decantarse por la fórmula de la animación y no por el enfoque documental o la ficción de carne y hueso. De la misma forma que Marjane Satrapi abusó para nuestro regocijo de los claroscuros brutos para reflejar en Persépolis la historia reciente de Irán, Folman se permite la licencia de manipular a su antojo la búsqueda en los agujeros negros de la memoria para contarnos las incursiones del ejército israelí en el Líbano durante aquel trágico verano de 1982 y las matanzas perpetradas en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila por facciones falangistas cristianas, arropadas por contingentes israelíes.

Apoyándose en los trazos un tanto bruscos y toscos de la animación –una amplia gama emplea en hora y media de metraje- se muestran los horrores con mayor crudeza. Cabría la posibilidad de que alguien pensara que se trata de un cuento del Mediterráneo oriental, aunque para evitarlo –esta es la parte que más nos interesa del cine ‘real’- Folman opta por humanizar en cierto sentido el desenlace. Por si no queda claro, recomendamos esta fábula en toda regla y como a nosotros nos importa el contenido y el envoltorio, siempre que sea acorde con la sustancia, no pasamos por alto la excelente y variada banda sonora compuesta y compilada para la ocasión por Max Richter.

publicado por Daniel Galindo el 6 abril, 2009

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