A los espectadores nos encanta el cine de catástrofes. Esta película juega muy bien con ese morbo y – en vista de esa virtud técnica y narrativa – merece ser aplaudida a pesar de su tosquedad.

★★★☆☆ Buena

Señales del futuro

Si fijamos nuestra atención en la parte técnica de la puesta en escena, Knowing puede ser la obra absoluta del cine apocalíptico por su concentración de situaciones que pueden resultar ridículas según el criterio de cada espectador , pero que al final componen un discurso subterráneo sobre el fin de los tiempos, muy bien llevado mediante la continua sensación de suspense. Toda la resolución principal del texto de San Juan esta en la película. Signos extraños desde el cielo, cataclismos sobre la tierra, los elegidos con la marca de dios y el ascenso a los cielos. Incluída la escena final, una clara referencia al conocido versículo “… y vi un cielo nuevo y una tierra nueva…”. Alex Proyas no es, desde luego, un visionario. Su organización temática copia los esquemas de “Encuentros en la tercera fase”, toma su sensiblería de imágenes sacadas de “E.T”, y su adaptación apocalíptica aglutina varias ideas procedentes de la corriente underground y que han sido divulgadas durante mucho tiempo en revistas sobre pseudociencia y conspiranoia; inteligencias superiores que controlan nuestro destino, parafernalia OVNI, hombres de negro, parapsicología y profetas. Por decirlo de forma chusca, Iker Jiménez aporta el material y Proyas la técnica cinematográfica.

Esa sobriedad técnica junto con un guión bien estructurado es lo que permite narrar la sucesión de despropósitos sin dar aliento al espectador, creando así una cinta de acción y suspense que a la vez disecciona superficialmente un matiz filosófico en torno al significado de la vida, y la dicotomía entre determinismo y casualidad. Nicolas Cage (¡que actor tan extraño!) encarna una psicología necesitada de creer en algún tipo de orden que atenúe la angustia ante el caos percibido. Esto es lo que a nivel narrativo tenía interés de partida. Existe una correspondencia entre la necesidad de creer manifestada en el personaje central y el misterio de cifras aleatorias en un folio. No es la patología de un paranoico, sino la idea de encontrar un patrón al que aferrarse. Una idea, por cierto, que M. Night Shyamalan ha tratado de un modo mucho más personal y genuino en varias de sus películas. Lo que en Shyamalan es una verdadera ilusión sobre el mundo, en Alex Proyas es un esquema propagandístico.

A los espectadores nos encanta el cine de catástrofes. Esta película juega muy bien con ese morbo y – en vista de esa virtud técnica y narrativa – merece ser aplaudida a pesar de su tosquedad. Llama la atención el descaro con el que enmarca su expresión en el contexto de la crisis actual, sumándose a la reciente avalancha de películas diseñadas para un fin ideológico muy concreto, y que tendrá un colofón con la película titulada "2012". No quiero olvidar que el cine no solo es un arte, sino -sobre todo en estos casos – un instrumento para preparar a la opinión pública de cara a acontecimientos extraordinarios que empiezan a suceder hoy y se desarrollarán en los próximos años. Circula estos días la noticia sobre la preocupación de los científicos de la N.A.S.A por la anómala inactividad solar que se prolonga ya varios años y que podría originar una explosión electromagnética de consecuencias imprevisibles para nuestra sociedad. Lo que hace la película de Proyas es mostrar en clave de ciencia ficción los cambios más o menos traumáticos que le esperan a nuestra civilización planetaria.
publicado por José A. Peig el 11 abril, 2009

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