muchocine opiniones de cinedesde 2005

El producto termina siendo verdaderamente insulso cuando quieren contarnos una historia de suspense que resulta previsible y carente de una significación oportuna.

★★☆☆☆ Mediocre

Star trek VI: Aquel país desconocido

De partida quiero establecer una comparación entre The Final Frontier y esta que nos ocupa y que lleva por título The Undiscovered Country. La primera crea una Imagen crepuscular que responde a la necesidad de finiquitar un producto ya agotado, mediante una secuencia basada en un concepto existencialista y utilizando el axioma "vida es sueño" para expresar los límites contra los que choca la vanidad al llegar a esa última frontera del universo, más allá de la cual solo encontramos un simulacro de Dios. La segunda – en la última escena – formula una despedida optimista que reivindica la aventura espacial después de desarrollar una acción que no le es propia – al menos, no constituye su esencia – y que encaja mejor con los contornos del thriller político. Repasemos las temáticas, porque ellas nos indican la eficacia y la esencia del producto. Star Trek I, la búsqueda de respuestas a las cuestiones trascendentes y atemporales. Star Trek II, el universo en la creación de vida y muerte. Star Trek III, búsqueda de una amistad tan anhelada como la grandeza del universo. Star Trek IV, parodia simple en torno a alguno de esos temas. Star Trek V, la aventura definitiva en el límite del universo, allí donde los aventureros descubren la posibilidad de que todo sean ilusiones vanas. El factor común – y que es la esencia constitutiva de Star Trek tal y como ha sido realizada en la gran pantalla – es la atemporalidad de sus temas, el utilizar la lírica del espacio exterior y las figuras del folletín para crear un estándar de los grandes temas de la ciencia ficción, y son los grandes temas de la humanidad en cualquier tiempo y lugar.

En cambio, Star Trek VI es un producto de la “pos-guerra fría” y de las consecuencias geopolíticas y estructurales de la Perestroika de Mijaíl Gorbachov. Los Klingon son el bloque oriental y la federación es el esfuerzo de occidente por conciliar posturas y necesidades. En esta película se habla de aquellos que pierden con la paz y torpedean las relaciones diplomáticas mediante la conspiración. Al final queda la esperanza en un futuro desconocido. "Entre todos podemos construir la paz…", reza la expresión implícita que ha sustituido a la exquisita épica espacial, aquella que utilizaba la simpleza psicológica de los personajes y la sana ingenuidad para articular en un lenguaje propio los grandes temas, falseada por un panfleto que responde a las incertidumbres del estado global en 1991. Es, también, una muestra definitiva del ocaso de la década de los ochenta y del inicio de los estilemas propios de los noventa que llevaron al cine comercial a una auténtica debacle creativa de la que en gran parte todavía no nos hemos recuperado. Nicholas Meyer ya había abandonado la artesanía de antaño y simplemente siguió el patrón de la época. Afortunadamente, la película cuenta con un texto muy elaborado, en ese sentido podemos decir que tiene el mejor guión de la saga. Utiliza los perfiles Trek para traducirlos a los ámbitos de Conan Doyle y de Alfred Hitchcok , con un Spock metido en el rol de un perspicaz detective a la caza de los sospechosos. De este modo, los personajes conservan su vitalidad, pero han perdido toda singularidad en el conjunto del universo específico con el que forman la esencia del producto. La Imagen emite la idea de un thriller político al uso del momento, no la universalidad generada en la esencia Trek. Aquí empezó la decadencia de la saga.

Siguiendo con la comparación del inicio, tenemos una muestra de que el cine no solo es cuestión de mejores recursos técnicos, de mejor imagen fotográfica y de un mayor esfuerzo en la escritura. ¿The Undiscovered Country tiene mejor elaboración plástica que The Final Frontier?. Sí, no cabe duda. ¿Un guión más elaborado?. Sí. Pero carece de una expresividad original que motive la reflexión inherente a esa épica espacial. La substancialidad del asunto, esta es la idea que intento precisar. Qué mejor Imagen para definir esa sustancia que la de los navegantes – Kirk, McCoy y Spock – frente a las estrellas, alrededor del timón y vislumbrando la última frontera, y ese timón lleva inscritas las palabras con las que intentan encontrar un sentido a su esfuerzo: …hasta donde ningún hombre ha llegado. Qué mejor secuencia crepuscular que la de la soledad y el canto alrededor de la hoguera en Yorsemite Park después de una aventura ensoñada en las últimas fronteras de un espacio igualmente ilusorio. (Y es que las despedidas teñidas de melancolía siempre son, tanto en literatura como en cine, más evocadoras que el optimismo. La expresión siempre he sabido que moriré solo complementada con el conclusivo reconocimiento de sus dos hermanos de soledad – posterior a la aceptación de su dolor frente a Sybork – supera en belleza y profundidad a cualquier otra de la serie ). Y fijémonos en la distinta significación de la secuencia final en cada una de ellas; la una concluye con la típica imagen de la Enterprise avanzando hacia la estrellas. La otra, de verdadera eficacia crepuscular, termina con los tres aventureros regocijados en la Tierra, junto a un fuego, lejos de las estrellas. Lejanía que viene indicada con el movimiento de la cámara, partiendo del escenario de un bosque y el subsecuente ascenso hasta configurar un plano del cielo estrellado, el cual expresa la distancia de los personajes respecto a su ámbito de origen. Fin de la aventura espacial y retiro en la Tierra.
Esta es la capacidad reflexiva de la secuencia fílmica en The Final Frontier, la cual deja al espectador un margen de interpretación para el sosiego y la comprensión de esos contornos de folletín. El insistente guión de The Undiscovered Country a veces condiciona (manipula) en exceso nuestra percepción de lo expresado, sobre todo cuando quieren hablarnos de un momento político transitorio y no de lo que nos vincula a la fascinación que sentimos ante esos mundos estelares. El producto termina siendo verdaderamente insulso cuando quieren contarnos una historia de suspense que resulta previsible y carente de una significación oportuna. Solo hay que ver cómo resuelve el enigma de los dos tripulantes de la Enterprise ejecutores de la masacre en la nave Klingon. Y al final, como no, los perpetradores de la paz vencen a los conspiradores y de todo ello se deriva una lección moral. Aceptable, por lo menos.
publicado por José A. Peig el 22 abril, 2009

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