Déjame entrar

Cuando a uno le gusta el cine de género, es un ávido consumidor del mismo. Si encima, el género que a uno le seduce es el del terror, con unos cuantos años y una gran afición, se ha visto uno prácticamente los títulos más relevantes de la historia del cine. Y si para colmo, lo que a uno le gustan son los vampiros -como es mi caso- el espectro de películas se reduce bastante. Lo más frustrante del asunto, es que quitando el "Nosferatu" de Murnau, la saga de Drácula de Hammer Films y dos o tres títulos más (entre los que podríamos incluir el "Drácula" de Coppola, "El ansia" de Tony Scott y "Jóvenes Ocultos" de Joel Schumacher -y no puedo resistirme a incluir "The Addiction" de Ferrara y "Sangre Fresca" de Landis-, casi agotamos las aportaciones medianamente originales a este subgénero). Dejando atrás marcianadas encantadoras como "Kung fú contra los siete vampiros de oro", cuando me encuentro con títulos tan estimulantes como el que nos ocupa, se me hace la boca agua; aún me rio cuando alguien me habla de la "originalidad" de "Crepúsculo". Seguro que no han visto "Amor al Primer Mordisco" o "Mordiscos Peligrosos", ambas comedias totalmente olvidables pero con inteligentes giros al mito del vampiro. Con los adolescentes, las fashion-victims y todo el batiburrillo made in hollywood casi se difumina toda la mitología. En cambio este título sueco es tan frío como el clima de aquel país. Pero ¿no es el ambiente perfecto precisamente para alguien que lleva siglos muerto? El planteamiento es de lo más sugerente: un niño de 12 años con una seria inadaptación social, víctima de un cruel bullying en su colegio y con una preocupante y embrionaria tendencia a ser el psicópata del pueblo, con su machete en mano y todo, conoce a una extraña nueva vecinita, de mirada inquietante, tímidas maneras y curiosas costumbres, como pasearse en camiseta en plena nevada. A partir de entonces, se establecerá entre ambos una relación de lo más particular, mucho más bizarra de lo que pudiera pensarse… El minimalismo a la hora de contar la historia, la austeridad completa en la factura, y el inicialmente cuestionable casting -al menos a nivel estético- se va transformando en el vehículo perfecto para contar una historia de personajes muy bien estructurados, con aristas, a pesar del hieratismo de los mismos: casi ni hablan, solo miran, pero señores… ¡¡qué miradas!! La banda sonora también articula magníficamente el crescendo en el suspense y en el paulatino cambio de planteamiento de los personajes, utilizando además un lirismo y una poética que luego es capaz de transmitir a la historia, en una narración francamente entrañable. Los efectismos, ni falta que hacen -aunque existen…-. Hipnótica en muchos momentos, este film además se permite el lujo de trazar una parábola sobre la naturaleza humana, enfocando la poca humanidad de la humanidad misma, y de que quizás el monstruo más monstruo de todos… es el propio hombre. Sencillamente imprescindible. Un film que marcará escuela.

Lo mejor: La simpleza de la narración. Los giros del guión, absolutamente impredecibles. La mirada de los protagonistas.
Lo peor: Algo más de agilidad en el arranque.
publicado por Federico Casado Reina el 28 abril, 2009

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