Quentin Tarantino lo ha vuelto a hacer, ha conseguido hilar sus inconexas virtudes con un cierto toque gamberro y un sentido del humor inusual, un golpe de cinefilia alemana y una mezcla de géneros e idiomas meditadamente ingeniosa.

★★★★☆ Muy Buena

Malditos bastardos

Quentin Tarantino lo ha vuelto a hacer, ha conseguido hilar sus inconexas virtudes con un cierto toque gamberro y un sentido del humor inusual, un golpe de cinefilia alemana y una mezcla de géneros e idiomas meditadamente ingeniosa.

Malditos Bastardos tiene tres frentes muy diferentes. De un lado el equipo de americanos destroyers que pasean violencia por la pantalla. Son el perfecto marco para un despilfarro de violencia gratuita y flashbacks psicodélicos. De otro lado el sádico oficial alemán caza judíos y sus dotes detectivescas posee un subversivo encanto calmado que proporciona no pocos diálogos ingeniosos, aunque en algunos casos puede que se alarguen demasiado en el tiempo provocando algún altibajo en el trepidante ritmo marcado por la delirante y subversiva banda sonora (y en cierto modo brillante). Y para terminar el personaje femenino fuerte tiene la frágil apariencia de una jovencita que escapó de su perseguidor para caer por arte del encaprichamiento de un oficial en manos de su más temido enemigo y con un plan para vengarse.

La cuestión es que a pesar de la importancia del papel de Pitt y de sus muchachos que provocan los mejores momentos del film y las situaciones más ridículas y desternillantes sin cortarse a la hora de introducir violencia gratuita , algo de gore y una inusitada verborrea macarra. El escuadrón sin embargo goza del mismo protagonismo que el resto de los integrantes de esta segmentada cinta y sólo aparecen en los capítulos que legítimamente les corresponde en el enredo porque no olvidemos que bajo la apariencia de ser una cinta bélica no deja de ser una película de Tarantino para bien o para mal.

El gran descubrimiento del film sin embargo recae en sus personajes alemanes, el magnífico y merecidamente reconocido coronel nazi Hans Landa (Christoph Waltz) tiene ese punto Tarantino tan sádico e ingenioso, la presentación en pantalla de Til Schweiger (con su correspondiente salto de género cinematográfico incluido) e incluso Daniel Brühl que abandona momentáneamente su “europeizada carrera” con un golpe de estilo bastante contundente.

Lo más llamativo de la propuesta de Tarantino es la maestría del salto de género donde no se corta en reconocer todo el cine que ha “rumiado” a lo largo de los años a modo de homenajes solapado (como en el título) o más directo saltando del cine italiano, a los spaghetti western, las películas clásicas de intriga y las grandes producciones bélicas con ese toquecito sicótico que da pasarse la historia por el forro con licencias cuestionables.

Si bien no es la mejor película de Tarantino sí posee la incuestionable virtud de hacer pasar 150 minutos entretenidos y su rotundo final merece quitarse el sombrero porque este señor sigue haciendo lo que quiere y cuando quiere.

Lo mejor: La escena inicial del interrogatorio es el colmo de la perfección.
Lo peor: Con un poco más de Bastardos en la pantalla la cosa hubiera llevado mejor ritmo.
publicado por Ana Belén Pacheco el 28 septiembre, 2009

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