Un relato de vampiros de gran belleza plástica

★★★☆☆ Buena

Thirst

La culpa, la redención, la inmortalidad, la moral, la compasión, el sacrificio,… Todos estos temas han sido explorados en diversas películas con vampiros como protagonistas. ¿Se puede explicar algo sobre los vampiros que no se haya dicho ya? ¿Aún es posible utilizar a estas criaturas para contar algo interesante?  Supongo que después de “Déjame entrar” (una de las vencedoras del año pasado en este Festival) y de la muy exitosa y premiada serie “True blood” la respuesta es un rotundo “sí”.

   Park Chan Wook nos cuenta la historia de un cura incapaz de continuar ejerciendo su labor. Su corazón se rompe con cada confesión en la que una mujer le explica los maltratos a los que es sometida. Es incapaz de soportar la triste labor de dar la absolución a enfermos terminales. Decidido a ayudar a los que más lo necesitan de una forma más útil, decide apuntarse a un proyecto médico en Africa que experimenta con humanos para encontrar la cura de un virus mortal. Sin embargo y, tras someterse a la inoculación del virus y pasar varias semanas aislado con otros enfermos, el cura no solo conseguirá vencer ala enfermedad sino que, como si de un efecto secundario se tratara, abandonará el laboratorio “cambiado”.

   Al reincorporarse a sus quehaceres como cura no tardará en descubrir que ha adquirido prodigiosas habilidades físicas así como una alteración en sus sentidos que se han vuelto mucho más sensibles a lo que le rodean. Sin embargo, todo ello tiene un precio. Una sed de sangre y lujuria le corroe y ambas pelearán con la moral del protagonista en su lucha por ser saciadas.

   A partir de aquí, Park Chan Wook se adentra a través de su toturado protagonista en un laberinto en el que se mezclarán la culpa, el amor, el erotismo y el sacrificio, todo ello con su especial sentido del ritmo y de la plástica que ya conocemos gracias a su famosa trilogía sobre la venganza.

   Sin embargo, y a pesar de que a la propuesta no se le puede negar cierta originalidad y frescura así como algunos momentos visuales brillantes (los saltos por los tejados de la pareja protagonista, el desenlace en el acantilado,…), no consigue alcanzar ni la fría belleza de “Dejame entrar”, ni la negra comedia de “Besos de vampiro”, ni la oscura elegancia erótica de “El ansia” ni la áspera metafísica que envolvía “La adicción”. Thirst se queda en algún punto intermedio entre las películas de vampiros convencionales y esas pequeñas joyas que, muy rara vez, nos ha dado el cine que se ha acercado a estos oscuros personajes.

 

   No obstante, Thirst es una película apreciable y a tener en cuenta por distintas razones de índole formal, más allá de si su historia comienza con muy buen pie pero no acaba de encontrar su sitio entre esa hibridación de tragedia, comedia, terror y erotismo; unos intérpretes perfectos en sus personajes (destacaría especialmente la labor de la chica protagonista y su madre), una dirección que destaca por su planificación y encuadres resueltos de forma magistral tanto para ofrecernos momentos de humor como fantásticos o dramáticos y, por qué no mencionarlo también, una hermosa banda sonora que desde los primeros créditos hasta el desenlace acompaña de forma perfecta toda la narración.

   En definitiva, un valor a tener en cuenta de cara a los premios aunque sea en categorías secundarias.

 

 

 

 

Lo mejor: La belleza con la que se resuelven algunos de los momentos más terroríficos
Lo peor: Que el relato pierde fuelle a medio metraje al mezclar demasiados géneros
publicado por Javier Paez el 3 octubre, 2009

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