Una inclasificable película que supone un soplo de aire fresco y que demuestra que la poca diferencia que existe entre el cine de autor y la explotación del mercado doméstico.

★★★★☆ Muy Buena

Jcvd

La carrera de Jean-Claude Van Damme se ha movido en una serie de parámetros esquemáticos que le han ido condenando, poco a poco, a figura de admiración en los gimnasios y a las estanterías de los videoclubs. Sin embargo, resulta un tanto presuntuoso considerar que no hay un valor implícito en el cine que, por la pertenencia de esta estrella del cine de acción, no pueda tener una suerte de autoría. La recurrencia en sus personajes, su imagen pública y la contraposición entre ambas confluyen en este película como retrato de un juguete roto, un hombre que es a la vez, objeto de admiración y fama pero también de burla y escarnio. El frágil equilibrio entre su figura pública y su vida privada entra en conflicto cuando un pago le hace protagonista de un atraco, un derrumbe emocional donde la persona tiene que dejar espacio al personaje.

En su reflexión, la película juega a ser una versión autoconsciente y cómica de “Tarde de perros”, un falso documental con recursos de ficción, y una historia de suspense y drama en torno a la confesión, desgarradoramente honesta, de un Van Damme que abandona por un momento su rol para desnudarse emocionalmente ante el espectador. Una inclasificable película que supone un soplo de aire fresco y que demuestra que la poca diferencia que existe entre el cine de autor y la explotación del mercado doméstico. Una invisible barrera que da lo mejor de ambos mundos.

Lo mejor: Jean Claude Van Damme.
Lo peor: La trama de los atracadores, demasiado artificial para una película tan honesta.
publicado por Ignacio Portabela el 11 octubre, 2009

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