muchocine opiniones de cinedesde 2005

Es como viajar en moto por la espalda de Dios (más abandonada que la de la Luna) con el mejor compañero.

★★★★★ Excelente

Diarios de motocicleta

"Ese denominador común, que pondremos con mayúscula y que sirve de base de análisis para todos los que piensan en estos fenómenos sociales, se llama Hambre del Pueblo".
Ernesto Che Guevara

          El "antes de" siempre fue más poético que el "después de", aunque estemos condenados a vivir en los "después", a veces dramáticos, como en este caso. Esta es la película del Che antes del Che, cuando todavía era Ernesto y decide recorrer en moto con su amigo Alberto Granado toda América, quieren impregnarse del aire del continente que canta en español y baila en indio y africano y padece en cualquier raza.

          Nos internamos con ellos en esos parajes que son inverosímiles para quien los contempla por primera vez o para quien nunca los ha soñado, de grandiosidad telúrica. Nos internamos también en el rostro más duro de esa tierra, el de la pobreza de sus pobladores.

          Vemos a Ernesto Guevara, estudiante del último año de medicina, con su asma incipiente y también con su incipiente rebeldía ante el mundo, que luego desarrollaría ambas a lo largo de su vida. Diarios de motocicleta está basada en los diarios de los dos "viajadores", escritos por ellos durante los ocho meses que duró la travesía entre 1951 y 1952. No se le aprecia en esa época juvenil al Che una conciencia revolucionaria, pero sin duda este viaje por la espalda de Dios sirvió para despertársela, como creo que se la puede despertar a cualquier espectador con un mínimo de sensibilidad. Tal vez el joven médico Guevara descubrió en este viaje que el problema de América no es la enfermedad individual sino la enfermedad social, que ese fantástico territorio sólo produce riqueza para unos pocos. Eso lo llevaría más tarde a cambiar el fonendoscopio por el fusil.

          Habían salido de Buenos Aires en su destartalada moto con la intención de llegar a Venezuela. En primer lugar cruzan la cordillera de los Andes hacia Chile, llegan a Valparaíso, en el camino se les termina de romper "La Poderosa" Norton y tienen que atravesar casi a pie los quinientos kilómetros del desierto de Atacama, ascienden en todo tipo de medios de locomoción por la sierra peruana hacia el Cuzco, se demoran en la ciudad sagrada de Machu Picchu, bajan nuevamente a la costa del océano Pacífico y en Lima traban conocimiento con un médico que les recomienda ir al leprosorio de Loreto en la selva. Se dirigen entonces a Pucallpa para tomar el barco que los internaría en el corazón del Amazonas y allí se detienen más tiempo del previsto ayudando a abnegados médicos y enfermeras. Ernesto Guevara era especialista en leprología y Alberto Granado bioquímico.

          El director brasileño Walter Seller nos ha sabido contar con honestidad el viaje que hicieron los dos amigos, abriendo América en canal, enseñándonos sus vísceras, pero sin excederse en escenas morbosas que hubieran podido ser difícilmente soportables para el espectador medio. Se recrea, por el contrario, en la escasísima alegría que puede surgir en esas dolorosas condiciones de vida. No ha querido Seller impresionar con procedimientos fáciles, lo hubiera logrado con sólo mostrar a cámara fija la terrible realidad de la leprosería de Iquitos, más bien intenta resaltar la calidad humana de los dos personajes.

          Hoy, cincuenta años después, los nevados andinos siguen intactos, los ríos "chúcaros" de la sierra, los lagos en su soledad mineral, el devastado norte de Chile, la devoradora selva amazónica, pero también permanece intacta la misma miseria, la misma injusticia, el mismo abandono que les sorprendió a ellos.

          Alberto Granado sobrevivió, ha pasado toda su vida en Cuba ejerciendo su profesión de bioquímico y estuvo presente, con sus 82 años, en Cannes durante la presentación de esta película impresionante. La que ya no existe es la moto, que abandonaron por el camino, ni el joven Che, que moriría asesinado años después en la puna boliviana.

Leopoldo de Trazegnies Granda

Lo mejor: Walter Seller nos ha sabido contar el viaje de los dos amigos abriendo América en canal, enseñándonos sus dramáticas vísceras.
Lo peor: Es una obra casi perfecta, por el tono, el humor, la humanidad. No le encuentro nada
publicado por Leopoldo de Trazegnies Granda el 23 octubre, 2009

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