Bogart es el gran Dios, todo el mundo está a sus pies, no hay mujer que se resista a su masculinidad arrolladora (y eso que era realmente bajo), ni sicario que no se amilane ante su saber estar, ni misterio que su perspicacia no consiga descifrar.

★★★★★ Excelente

El sueño eterno

Posiblemente sea el cine negro el que me hizo amar al cine de verdad, ése donde actúan sin que se note que están actuando, donde los diálogos son víboras que danzan en el silencio alumbrando verdades, donde los hombres bebían whisky con soda y las mujeres pedían fuego a los hombres con miradas lascivas y a la vez elegantes. Aquél donde el rey era Bogart y los príncipes eran James Cagney y Edward G. Robinson. Aquél donde Bacall iluminaba radiante los fotogramas llenos de oscuridad y sombras del alma. Nada podía impactar más a un niño de 8 ó 9 años que ver a Philip Marlowe bajo la lluvia con su sombrero y gabardina apuntando con su pistola bajo un aguacero a algún matón del hampa ….

Y es que nada malo podía resultar de un guión donde se mezcla un relato de Raymond Chandler con arreglos (al igual que en “Tener y no tener”) de Faulkner. Y nada malo puede salir de la unión de los mejores diálogos que hubo jamás en una película con actores como Bogart y Bacall, amén de los geniales secundarios de lujo que pululaban por estas películas y que realmente parecían sacados de los bajos fondos del Chicago de la época.

Creo que nunca Bogart fue tan Bogart como en “El sueño eterno”. Es tan difícil clasificarlo que sólo puedo recomendar ver la película para entender semejante genialidad, semejante hombría, semejante chulería “cool” como dicen los modernos. Bogart es el gran Dios, todo el mundo está a sus pies, no hay mujer que se resista a su masculinidad arrolladora (y eso que era realmente bajo), ni sicario que no se amilane ante su saber estar, ni misterio que su perspicacia no consiga descifrar. Para ser un superhéroe no hace falta capa ni superpoderes.

Es un alivio considerable saber que en estos tiempos de cutrez y chabacanería podemos refugiarnos en nuestro salón, poner esta película de noche, agarrar nuestra botella de whisky y disfrutar cómo alguien dice sin quedar como un palurdo: “¿Tienes un fósforo, muñeca?”. Menos mal que Bogey no sobrevivió a ésta época, no creo que soportase la ridiculez de ser tachado de machista o machisto por alguna confederación de malfolladas y que no le dejasen fumar ni beber. Ahora se estilan como ejemplos el progre hipócrita y afeminado estilo Emilio Aragón o el hombre de bien de centro derecha lleno de vicios camuflados bajo una familia “feliz”. Este camuflaje social es realmente repugnante. O tempora, o mores ….

publicado por Javier Martínez el 31 octubre, 2009

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