Es asombroso el magnetismo entre la pantera adolescente y el halcón misántropo, la química sexual más grande de toda la historia del cine.

★★★★★ Excelente

Tener y no tener

Partiendo de una curiosa apuesta entre Hawks y el sobrevaloradísimo Hemingway, en la que el primero apostaba que podría hacer una gran película con cualquier pestiño del escritor, apareció en escena una de las mejores actrices (si no la mejor) que ha paseado palmito por Hollywood: La gran pantera, Lauren Bacall.

Ayer mismo, en la noche sabatina zaragozana, pude observar cómo ha decaído el glamour y el erotismo. Pedorras infumables vestidas todas del mismo modo, con el mismo peinado, faldas cortas que exhibían muslámenes dignos de un jamón ibérico, con más pintura en la cara que en un bote de Titanlux y un lenguaje y tono de voz más propio de un camionero que de una mujer. Afortunadamente aún quedan mujeres con el “efecto Bacall”, hembras con mirada felina, de sensuales gestos, buena conversación y lengua mordaz que saben que lo que no se ve, si se maneja con estilo, es el veneno más irresistible para que un hombre pierda la cabeza. Son pocas, sí, pero las hay aún.

El caso es que no parece casualidad que Bogart y Bacall, pese a la diferencia de edad, se enamorasen como adolescentes en “Tener y no tener”. Cada palabra entre ellos, cada cruce de miradas y cada segundo que permanecen juntos ante la cámara parece que la pantalla del televisor se va a derretir, es asombroso el magnetismo entre la pantera adolescente y el halcón misántropo, la química sexual más grande de toda la historia del cine.

En cuanto a la película se podría decir que es como Casablanca con los únicos cambios de escenario (una isla tropical en lugar del norte de África), de actriz, de ocupación de Bogart (pescador en lugar de propietario de un salón) y de final, pues aunque Bogart siga por encima del bien y el mal mundiales esta vez se tira al vacío del amor por su “flaca” y se alinea con los aliados de un modo incondicional.

Las interpretaciones son magistrales, no sólo de los tortolitos sino de todo el personal, destacando un genial Walter Brennan haciendo de contramaestre borrachín de Bogart y del pianista del club, una versión años 40 de Tom Waits. Los escenarios, la música, la filmación, …. todo es tan mágico que uno se pregunta para qué cojones se inventaría el color y por qué a la gente le gusta el cine actual.

Para siempre queda la famosa frase "If you want anything, just whistle". ¿Qué sería del cine sin esa frase?.

Lo peor:

publicado por Javier Martínez el 31 octubre, 2009

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